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Es un acierto de Vox haber puesto el acento en las idiosincrasias provinciales, a diferencia del resto de los partidos que lo ponen -unos más, otros menos, pero todos mucho- en las autonomías, incluso concretando, como Moreno Bonilla, en Blas Infante. La chamba de Ayuso es que su autonomía es uniprovincial. Quizá no se sepa, porque apenas trasciende nada más allá del españolismo de Vox, pero lleva bastante tiempo articulándolo con un discurso provincialista. Éste no hay que construirlo: es verdadero, porque la fuerza del terruño se siente. La autonomía ya tiene una dosis de abstracción que choca -al final mucho- con el país.
Que el provincialismo es verdadero se ve en la cantidad de novelas que hay dedicadas o arraigadas íntimamente a una provincia. La novelística ambientada en la provincia de Cádiz pasma por su cantidad y su calidad. Ojalá la Diputación se plantease editar una colección.
Una novela extraordinaria es La puerta falsa (1969) de Salvador García de Pruneda, que reeditó el año pasado con preciosa factura la editorial madrileña Frontera. La historia va de un linajudo marqués de El Puerto de Santa María que ve como se queda sin descendencia masculina al morir su único hijo varón en la carga de caballería del Desastre de Annual. A partir de entonces, intentará legitimar a alguno de sus dos hijos extramatrioniales: el que tuvo con una aristócrata francesa y que vive en París y no conoce nada de España, o el que tuvo con una joven de clase baja y que ahora es marinero en Gibraltar. Este andamio argumental le sirve para describir nuestra tierra, con sus dos vientos rivales y obsesivos, los pinares, los vinos, los toros, el cante, el calor y la sangre.
He echado mucho de menos a Aquilino Duque, para saber su opinión. La prosa es extraordinaria, tersamente trabajada, y el retrato de nuestra tierra meticuloso y admirativo sin empalagamiento.
El final, sin embargo, parece trunco y resulta melancólico. Casi no lo entendía hasta que no caí en la articulación entre la provincia y la nación que decíamos al principio. Una novela de sabor tan local está haciendo en el fondo una reflexión sobre los caminos que se le iban enredando y cerrando a la España del tardofranquismo. Eso -como el viento de levante a punto de saltar- ahí estaba dándole sentido a un final que parece deshilachado. La provincia vuelta sobre sí misma se convierte en un espejo de nieblas del destino nacional.
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