El Alambique

Enrique Bartolomé

Desde mi pretil

23 de octubre 2013 - 01:00

Retomo mi andadura en este nuestro periódico, tras dos años necesarios, en los que he seguido elaborando con la pluma, pero detrás de los escaparates. Y lo hago, más ancho que largo, acampado en este mi pretil, desde el que intentaré describir los miércoles: lo que vea, lo que palpe, lo que oiga, lo que piense.

Y todo acerca de lo que vaya ocurriendo en El Puerto, en esta ciudad que fuera de los mil palacios. Ahora por mor del cemento y del crecimiento desordenado, la de las mil construcciones ilegales.

Quisiera ser realista, y al tiempo otear el lado positivo de lo que me rodea. Transmitir sensaciones y vivencias y permanecer ajeno a las polémicas, de las que debemos huir. No echaré más leña al fuego, aunque cuando haga falta denunciaré públicamente aquello que me parezca deleznable. Este será el listón. Y asumiré, como ciudadano de a pie, la parte proporcional de la responsabilidad que me toque, si ello es posible.

Desde este pretil -que me eleva por encima del transcurrir diario-, adivino en la distancia un montón de imágenes. Veo la playa de La Puntilla, y los espigones que la amenazan. Veo Puerto Sherry a medio construir o a medio derruir, que ya no se sabe. Veo las dos Valdelagranas: la cementera, donde se agolpan las construcciones a lo largo y a lo ancho; y la verde y marismeña que aún conserva lo que siempre fue. Veo también lo que queda de la costa oeste, que por cierto queda bien poco. Y veo la Iglesia Mayor Prioral, el Guadalete y el Castillo de San Marcos. Y también las Torres-Vigías, que como permanentes fareros otean el horizonte de nuestra ciudad.

No veo, sin embargo, la Playa del Aculadero, ni las casetas de La Puntilla, ni el Vapor, ni los Baños Termales, ni La Belleza, ni la Vega de los Pérez, ni la Plaza de Peral. Ni siquiera la nostálgica Cuesta del Chorizo, camino de Jerez. Tampoco veo la sierra de San Cristóbal limpia de construcciones, como la veía.

Reasumo esta nueva aventura, que llegará donde ustedes quieran, desde la que espero contribuir al debate sano y constructivo, que debiera permanecer siempre abierto, en esta nuestra sociedad portuense.

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