Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Los pitos de las ollas

La solución al enigma de los pitos de las ollas al que aludía el alcalde está en la tradicional paguita gaditana

Días pasados clamaba el alcalde de Cádiz por el derecho de los ciudadanos a que suenen los pitos de las ollas. Nunca había escuchado esa expresión, una metáfora relacionada con la olla exprés, supongo. O lo que es lo mismo: que los gaditanos tengan para comer. Un poco zarzuelera la expresión, si se me permite el comentario. No creo que haya en Cádiz problemas con los pitos de las ollas (qué calor: mejor un gazpacho o una ensalada) por mucho que en Podemos se empeñen siempre en ofrecer esa imagen de emergencia social . El alcalde venía a decir, con razón, que son importantes los puestos de trabajo de Navantia aunque sea para construir corbetas con destino a Arabia Saudí, por mucho que rechacemos las fechorías cometidas por el Gobierno de Riad sobre la población civil del Yemen y el postureo del Gobierno de Pedro Sánchez al bloquear la venta de material de guerra a este país. El alcalde venía a reflejar el desagarro que produce el rechazo a los abusos saudíes y la necesidad de los puestos de trabajo. La solución al enigma de los pitos de las ollas la daba este periódico: Cádiz es la provincia con el mayor porcentaje de pensiones de invalidez. La tradicional paguita gaditana, la que antes se le daba a los sordos de astilleros o a quien fuera capaz de ofrecer una excusa. Recordaba el caso de una funcionaria de la Diputación que trabajaba en la oficina del PER pillada en la mangoleta que devolvió los 40 millones que le demostraron, y obtuvo una pensión por cleptómana. Un caso chusco sobre el que hay que añadir que su jefe era un dirigente socialista que no fue investigado e incluso tuvo después una carrera administrativa llena de puestos de responsabilidad bien remunerados, siempre por su alta cualificación y capacidad, tuviera que ver, no por ser del PSOE. Esa es la idiosincrasia gaditana, la picaresca, el cobazo, el lo quiere con IVA o sin IVA, el me pertenece, el de lo que no cuesta llena la cesta que empuja a cientos de personas a pasarse horas en una cola en la calle Columela para conseguir un neceser de gañote. Dado que la gente tiene tiempo para perderlo en la cola de la perfumería cabe pensar que la paguita debe estar generalizada y que no solo suenan los pitos de las ollas sino los móviles de última generación, las tabletas, las televisiones de Ultra Alta Definición de 60 pulgadas . Ya saben ustedes el refrán, quizás un poco reaccionario: mientras más pobre, la televisión más grande y la biblioteca más pequeña. Pero con los pitos del iPhone y de la olla a todo meter.

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