Contrapunto y aparte
Opinión de Soco López para 'Diario del Carnaval': El ritmo de la caverna
BÁRCENAS le ha hecho una peineta, que es algo verdaderamente ordinario, a los votantes del Partido Popular y a más de media España. Venía de un sitio tan exclusivo como Vancouver y de una actividad tan elitista como el esquí. Hacía poco lo habíamos visto en París cenando con champagne en un buen restaurante, lo que es el no va más. Digo París y el champagne. Y también con ese abrigo tan elegante en la estética de lo mafioso defendiéndose de las preguntas de los periodistas. El señor Bárcenas como le llamaban antes por una cosa y ahora por otra, está empezando a derrumbarse en el piélago de Belén Esteban, Matamoros, Karmele y demás flora local. Y eso que no ha hecho más que empezar la representación. Digo que ya lo hemos visto cruzar la puerta de los juzgados como lo veremos sentado en el banquillo de los acusados y, si así queda determinado, cruzará la puerta blindada de alguna cárcel exclusiva en la que pasará, junto a los demás, una temporada a la sombra. Salvo que cruce una frontera imprecisa y desaparezca como hizo Roldán (aunque luego fue encontrado, qué gracia) o ha hecho Paesa, que nadie lo ha vuelto a ver.
En el restaurante de París, tan exclusivo, donde cenó -¿ostras, paté y magret de canard?- el señor Bárcenas no había un florero con un micrófono. Si el CNI no lo está siguiendo por lo que pueda pasar para la seguridad nacional con este ex tesorero del PP que ha tenido 22 millones de euros en Suiza y a saber lo que puede tener, suyo o de otros, en algún paraíso fiscal. El restaurante de Anacleto Agente Secreto de Barcelona en donde habían puesto -al parecer, siempre al parecer todo- un micrófono a la (le dicen "amante" como para denigrarla) ex pareja de uno de los cachorros de Pujol, tenía un florero con ese agua. Grababa lo que le contaba la ex a Sanchez Camacho, en medio de la conspiración absoluta que es Cataluña, al parecer, donde todos espían a todos y hacen lo que hacen los espías chungos, poner precio a la información. Que desaparezca alguien por lo que le han cogido, o dicho. Y se vaya a la calle. O a la cárcel.
Y Diego Torres. Como en el poema del gran Manuel Machado ¿Qué habrá pasado realmente en esta relación para que el socio de Urdangarín pretenda tirar la estantería con la vajilla de porcelana real dentro? Suena tan a argot delicuencial -"Yo no me como el marrón solo"- que el juez mallorquín va a tener que meter en la cárcel a todos. Mala suerte las Infantas. Especialmente doña Cristina, que tiene nombre de triste Reina de España.
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