Estamos rodeados por él, pero mucha gente lo ve como un extraño o, como mínimo, no se le da el valor que tiene por estar acostumbrados al paisaje. El mar fue la razón de nuestra existencia, el que nos conectó con todos los que vinieron o salieron de aquí y nos ha llevado a ser lo que somos. Desde el mar Cádiz es distinta, lo bello se eleva al cubo pero también lo que sobra. Todo gaditano debería ver alguna vez su ciudad desde allí. Deberíamos tener el mar metido en los tuétanos pero nos quedamos en lo superficial, en la orilla y en nuestros baños de playa. El programa de vela del deporte escolar es una magnífica idea que lleva a los pequeños a conocer algo de la navegación y el aprovechamiento de la energía del viento para convertirla en desplazamiento. La lástima es que ese plan después no tenga continuidad y nadie siga adelante. Tan llamativo como que tengamos una llamada Ciudad del Mar y esté en ruinas. Pura metáfora

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