Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Plumas y plumajes
Este año se cumplen cuarenta de cuando salieron ‘Los tontos de capirote’, chirigota anticlerical y anticapillita a la que quisieron hacerle un boicot hasta el punto de que tuvieron que salir del teatro escoltados, hicieron realidad su estribillo: “si te gustan las navidades eres tonto de nacimiento, y tonto de capirote si por abril te gusta el incienso”. Recuperaban el repertorio de algunas agrupaciones de la República, como ‘Danton y los libertadores franceses’: “eso es una pandilla de gente mala, que tal vez la sostenga alguna sotana”. Este año pretende coger el testigo ‘La camorra’ de Marta Ortiz o Mar Muñoz, no sé muy bien cómo se llama. Incurren en la grave contradicción de ir contra la Iglesia y pedir que las mujeres carguen pasos de Semana Santa (cosa que ya se hacía, por cierto). Yo creo que el único límite del humor es el que establecen las leyes de protección al honor, está en los gustos de cada quien, a los que les gusta el humor negro y los que prefieren el humor blanco bienquedista. La chirigota callejera ‘Intocable’ le cantó un cuplé al incendio de un edificio en Valencia, lo que provocó que el alcalde de Cádiz, en lugar de defender a sus vecinos, llamase a la alcaldesa de su partido para ofrecer excusas, y que Vera Luque dijese que eso no era el humor de Cádiz, como si él tuviera en un frasco las esencias gaditanas para determinar qué es y qué no es de Cadi Cadi. Han tenido problemas con sus sátiras el Gran Wyoming, Javier Krahe y muchos otros; siempre hay un ofendidito de guardia dispuesto a decir alguna salvajada sobre algo con lo que no está de acuerdo. Quequé ha tenido que cerrar su programa Hora Veintipico porque tras una parodia de Nacho Abad titulada En boca de bobos ha recibido un aluvión de insultos y amenazas de los intolerantes de costumbre, lo que le ha hecho desistir. Sale la España eterna del cuadro de Goya A Garrotazos, llevamos siglos pegándonos unos a otros, y cosas peores. Otro ejemplo de intransigencia ha surgido a raíz de unas jornadas organizadas por Pérez Reverte que iban a discutir en Cajasol Sevilla sobre el tema ‘¿La guerra que perdimos todos?’, provocado por ese sobrevalorado escritor de boina y cuerda en el pantalón, autor de un libro insoportable que se ha creído de repente tocado con superioridad moral; aunque había dado su conformidad a participar en las jornadas, de repente le dio un ataque de moralitis con unas declaraciones para decir que se daba de baja, fruto quizás de esa boina propia de Gila. Le han secundado los oportunistas de costumbre, que se apuntan a lo que sea .
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