Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

La espada más limpia de occidente

Agustín Rosety siempre fue un hombre ambicioso hasta el punto de que ocultaba sus opiniones para prosperar

Hay tres características que mueven a las personas a dedicarse a la política: la vanidad, la ambición y el dinero. Da lo mismo el partido al que pertenezca cada cual, se dice que se actúa movido por un ideal (sin ir más lejos, el general que va de candidato en Vox "por servicio a España") aunque las motivaciones suelen ser muy otras. Siguiendo con el ejemplo citado: no es lo mismo una pensión de dos mil euros netos que el salario de diputado que son cinco mil. Por España, claro. La vanidad hace que algunos pierdan la cabeza: eso de que los vecinos, los amigos y los familiares le vean en los medios de comunicación es algo que perturba a muchos. El mismo ejemplo: ponerse el uniforme de gala en un acto privado de una academia, síntoma claro de lo anterior. Y la ambición, el afán de mando, el deseo de decidir sobre la vida de otros, dar una voz y que te obedezcan. En ciertas dosis la ambición puede ser buena, pero por regla general es una de las grandes pulsiones del ser humano, lo que mueve el mundo junto con el sexo y el dinero. Continuemos con el mismo ejemplo: Agustín Rosety siempre fue un hombre ambicioso hasta el punto de que en activo ocultaba sus opiniones (su apoyo a Franco) para prosperar, así llegó a general de brigada aunque nunca pudo alcanzar el grado de general de división ni Comandante General de la Infantería de Marina como le llegaron a prometer. Escondía incluso eso que los infantes de marina llaman "franjabatasuno", la animadversión al Cuerpo General de la Armada que son los que ocupan los principales puestos de mando . De ahí que ya jubilado se refugió como asesor del obispo Zornoza y desde ese puesto la lió en los Caballeros Hospitalarios, que quiso presidir tras la disolución de su directiva, o como se llame, por el obispo. Incluso fue con la encomienda episcopal a algunos conventos de la ciudad para que transfiriesen su patrimonio al Obispado con amenazas veladas hasta el punto de que un conocido prior tuvo que zanjar la situación con palabras mayores. Al final todo es política, lo que se mueve en los entresijos de poder de la Iglesia, de las academias, de las organizaciones católicas o el Congreso de los Diputados. En Vox le dicen a eso que es un compromiso con la patria. Todo es lo mismo, salvo que algunos lo edulcoran con banderas, himnos y grandes palabras. Volverá a reír la primavera, voy por rutas imperiales caminando hacia dios, España Una Grande y Libre. Vuelve la Cruz y la Espada, la Santa Cruzada.

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