La desesperación de la izquierda

29 de enero 2026 - 03:03

Al mismo tiempo que se rechazaba en el Congreso el decreto ómnibus del Gobierno sobre políticas sociales, se aprobaba, al margen del control parlamentario, otro decretazo que permitirá la regularización (es decir, la posibilidad de eludir la ilegalidad de su presencia en España) de no menos de 500.000 inmigrantes que empezarán así a gozar de todos los servicios y derechos por los que los indígenas y nuestros padres llevamos años y años de cotizaciones e impuestos. Como lo aprobado permite la agrupación familiar, es evidente que estamos ante un poderoso estímulo a nuevas llegadas en un país que excede ya los diez millones de extranjeros, más de un 20% de la población total.

Tanto el decreto rechazado como el impuesto sin debate, muestran la profunda deshonestidad de este Gobierno, pero también su desesperación. El llamado decreto ómnibus agrupaba cuestiones tan diferentes como la actualización de las pensiones o la protección de los okupas, razón esta que ha llevado al rechazo conjunto de PP, Vox y Junts. ¿No hubiera sido necesario un tratamiento desglosado de estas cuestiones? ¿Qué interés había en mezclarlas? Evidentemente el afán tramposo del Gobierno de hacer parecer a la derecha como culpable ante los pensionistas, único grupo en el que el PSOE mantiene una significativa mayoría de voto. ¿La izquierda rehén de los pensionistas o viceversa? En todo caso, ¡qué cambio social e ideológico estamos viviendo!

La otra cuestión, el ansia de la izquierda por favorecer la inmigración masiva, irregular y en condiciones de máxima precariedad (no hay el menor intento de ordenar la llegada en condiciones dignas) a costa de la población autóctona más humilde solo se explica por el interés electoral de acabar supliendo el voto joven por el inmigrante. En general, solo hay hijos en hogares “tradicionales”, y estos, desde hace años, son mayoritariamente formados por familias de perfil conservador. Aunque no siempre desde luego, eso marca también la tendencia política de los jóvenes, pese al esfuerzo adoctrinador de la escuela, a menudo contraproducente. La izquierda woke no se reproduce y espera su maná de las pateras, soñando panoramas como los de Francia o Bélgica. ¡Qué inmenso error! ¿Por qué? Echen un vistazo a Hispanoamérica y verán lo que allí se cuece, y esto apenas ha empezado.

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