Antonio Blázquez

15 de febrero 2026 - 03:07

Hoy no soy un comentarista neutral. Antonio Blázquez era tío de mi mujer, hermano del alma de mi suegro. Lo he tratado muchísimo, claro. Siempre me llamó la atención su personalísimo sentido del humor: un coupage complejo y perfecto de gracia gaditana y guasa sevillana. Tenía de ambas a raudales por parte de padre y de madre, respectivamente.

Verle actuar en una entrega de premios de su campo de golf o en el bullicio de jinetes y público de un concurso del Circuito del Sol era un espectáculo de luz y color. Para todos tenía su saludo y su pellizco, el pellizco aún más cariñoso que el saludo. Dominaba a base de sonrisas y picardías todo el comedor del restaurante, las pistas, los boxes y las gradas. “El ojo del amo engorda al caballo”, dice el refrán, pero un guiño de Antonio Blázquez ponía a rodar la cabaña caballar más internacional de la Baja Andalucía.

No salía de su asombro –creo– de que yo me hubiese casado con su sobrina. Eso nos unía mucho porque yo tampoco salgo de mi asombro. Daba gusto mirarle mirándome con esos ojillos de incredulidad. A la vez, ejercía el arte de la hospitalidad con una exuberancia de tintes orientales, pero de señorío antiguo.

Abstrayéndome del trato más íntimo, desde fuera, hay que loarle su fiebre emprendedora. No dejó ni un minuto de inventar y de poner en obra lo que inventaba, contra viento y marea, sorteando grandes dificultades administrativas, pero dispuesto a dejarle a la provincia unas infraestructuras deportivas, turísticas y culturales que han hecho de Cádiz, en general, y de la Comarca de la Janda, en particular, un lugar más próspero y hermoso; y, de paso, más célebre.

Él objetaría que lo más valioso que ha dejado han sido su mujer, sus hijas y sus nietos, y es verdad verdadera. Pero desde un punto de vista ciudadano, qué menos que dar las gracias a un señor que pudiendo haberse dedicado a vivir tan campante, se entregó en cuerpo y alma a crear lugares tan exquisitos como Montenmedio y eventos hípicos tan renombrados como el Circuito del Sol. Nos ha dejado –además de unos recuerdos imborrables y unas carcajadas a discreción– una provincia más glamurosa. Hay quien pasa sin pena ni gloria, pero él lo ha hecho con pena y con gloria. Eso y que pasar, pasar, sólo ha pasado a medias. Nos ha quedado mucho de Antonio Blázquez aquí.

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