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Violación en masa

España está siendo objeto de una violación en masa sin que a casi nadie se le mueva una ceja

En el pozo negro de las redes sociales se ha producido una saludable reacción al conocerse el tuit propinado por una feroz secesionista a la bella ciudadana Inés Arrimadas, a quien deseaba una urgente "violación colectiva" tras ensartarle una serie de brutales insultos. Al parecer, las opiniones de Arrimadas en un debate televisivo sobre el monotema no le estaban gustando nada. La inmediata respuesta de la agredida, denunciando los hechos, ha supuesto un no poco justiciero linchamiento virtual de la bestia estelada y, lo que le habrá dolido más, el despido en su empleo en una inmobiliaria.

Desde esta modesta columna de nombre tan a propósito, envío toda mi solidaridad a la agredida y ofendida, pero al mismo tiempo comparto con ustedes una reflexión. Aprecio mucho a la señora Arrimadas sin tener el gusto de conocerla, pero comprenderán que aún sienta mayor cariño por mí mismo, por los míos más directos y por otros muchos amigos, vecinos, compañeros o alumnos que constituyen mi entorno cercano, mi prójimo en sentido estricto. Y de la misma forma que estimo el honor y la integridad física y moral de doña Inés, me preocupan los de la comunidad en la que he nacido y de la que formo parte -mi patria, vaya-, con sus gentes, su historia e instituciones, su presente y su futuro. Y constato que todo ese prójimo y sus alrededores, que por abreviar llamaré España, está siendo objeto creciente desde hace años, y aplastante desde hace meses, del anuncio consentido hasta ahora por un Gobierno incalificable y una sociedad lanar, de una violación en masa que se anuncia a toda plana y a todas horas con fecha y circunstancias, acompañado de todo tipo de insultos y agravios sin que a casi nadie se le mueva una ceja. Y siendo los organizadores de la anunciada violación masiva de España de la misma piara secesionista que la tonta del tuit, que no ha comprendido que para gozar de inmunidad hay que ser, además de separatista, al menos concejal de izquierdas, aquí nadie se siente ofendido, nadie denuncia, nadie les corta el grifo de los caudales públicos, nadie organiza una campaña…

Los deseos de la bruja con estelada respecto de la bella ciudadana Inés tienen poco, ningún viso de concretarse. Los de la tribu secesionista respecto de España y su Constitución, todos. Y desde ayer, más. No querrán ustedes que quien me dé pena sea Arrimadas.

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