Vender el Goya

El precio de un libro, cuando es buena literatura, no llega nunca ni a la suela del zapato de su valor

He echado este verano a la sombra de Rialto, 11. Es el libro en que Belén Rubiano (Sevilla, 1970) nos cuenta una historia de amor desgraciado: la suya con su librería. Tuvo que cerrarla como se rompe un corazón. Sin embargo, la pasión encendida por los libros, el humor constante con, por y ante los clientes y la sabiduría que da el trato con unos y con otros hacen que uno suspire como Jules Renard: «Un libro que uno querría enseguida haber intentado vivir».

Como ya se acerca, inapelable, el nuevo curso y los profesores nos montamos nuestros cuentos de la lechera, acaricio la idea de invitar a los alumnos de «Iniciativa emprendedora y empresarial» a leerlo. Verán las fatigas del emprendedor, las trampas al autónomo y una actitud quijotesca ante el fracaso, pero también la felicidad de dedicarte, mientras tanto, a lo que te gusta. No sé si será una lectura motivadora; lo es excelente en lo literario y preclara en lo económico.

En dos capítulos, enumera incluso las causas de la crisis de su modelo de negocio. Aunque la auténtica clave la da sin querer su hija pequeña, en una anécdota casi al final.

Rubiano estaba intentando traspasar la librería y recibió a unos posibles compradores. Cuando comentaban las ásperas particularidades del negocio, su niña, de pronto, espetó: «Ya le he dicho a mi madre que lo que tendríamos que hacer es vender el Goya y empezar a vivir». Aquellos señores se quedaron pasmados, aunque la criatura se refería a un póster que tenían en su casa del «Perro semihundido», comprado en la tienda del Prado. La librera no les sacó del error. «Me miraron con verdadera admiración y no me apeteció renunciar a ella».

La clave no está en que fuese el «Perro semihundido», cuando la librería ya estaba, ay, igual; sino en algo que afecta a los libros, y que la niña había traslado con contagiada lógica a la pintura. El precio de un libro, por su facilidad de reproducción, no llega nunca ni a la suela del zapato de su valor, si el libro es bueno. Sin embargo, con los cuadros pasa casi lo contrario. ¿Cuánto cuesta una edición del Quijote y cuánto costará un tapies, siendo, en ambos casos, la obra original la que te llevarás a tu casa? Los que amamos los libros -y Belén Rubiano los ama sin duda- jamás superamos esa distorsión, que acaba siendo ruinosa para nuestras carteras, aunque infinitamente rentable para nuestras almas. Rialto, 11 es una prueba, bellísima.

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