DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Estamos en un momento en el que las miradas se han hecho imprescindibles. Las mascarillas es lo que tienen. Los ojos se han convertido en nuestro máximo órgano de expresión, y por las calles se ha establecido un divertido juego de miradas. Por una vez, el ser humano está obligado a mirarse a los ojos, a pestañear ante la duda, a abrir bien las órbitas para sorprenderse, a cerrar los párpados para evitar las peores escenas, a llorar para lamentar esta sacudida mundial y a mirar fijamente para transmitir veracidad a sus mensajes. Vuelven, de alguna manera, los juegos de miradas de antaño, aquellos que se escondían tras los abanicos de las damas y que guardaban todo un código secreto de flirteos y amoríos. Ahora, miramos para saber quién es aquel con el que nos cruzamos, para imaginar cómo será el resto del rostro... Lo mejor de todo es que ya podemos hablar solos por la calle, que la mascarilla se encarga de disimular el desvarío.

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