Si en mitad de un ambiente tan crispado los políticos viven de espaldas a la sociedad, la situación se agrava durante la confección de las candidaturas, con todos tratando de encaramarse a los puestos que garantizan la nevera llena. La negociación a cara de perro entre las distintas corrientes de los partidos llega a ser tan letal para sus intereses, que toca olvidarse de que se centren en los nuestros. En caso de quedar fuera de juego, muchos no tendrían donde volver, de ahí que ésta sea la cara más fea de la política. Los garrotazos entre adversarios en los plenos son juego de niños en comparación con las luchas fratricidas que se viven ahora. Sobre el papel, los partidos tendrían que colocar en las listas a los mejores. Pero antes que el currículo y la vocación, imandan las afinidades. Los más cobistas, que se pasan su aburrida existencia como chinches bajo un colchón, ahora salen a buscarse la vida dando saltitos alrededor del jefe. Frente a ellos, los referentes sociales huyen despavoridos cuando les quieren fichar de cara a la galería. Juan Marín confesaba las dificultades de Cs para convencer a profesionales de prestigio, dado el salario fijado, pero el líder de la formación naranja olvidó mencionar que los políticos son los primeros que han usado el sueldo como alma arrojadiza, y que más allá del salario, lo que espanta a cualquiera es tanta mediocridad. Los independientes que dieron el paso en su día ya lo sufrieron en sus carnes al ser considerados como unos intrusos,

Aunque a todas las formaciones se les llene la boca con la palabra democracia, al final se impone el artificio a la esencia. Lo peor es que nos resignamos, pese a que hay tanto en juego. El descontento es generalizado y el personal apenas confía en que cambie nada de la vida pública. Si pedimos a un amigo una docena de nombres para empezar a gobernar Cádiz, o la ciudad que sea, cuanto antes, muy pocos sabrían qué decir, salvo los más sectarios. Los políticos ya conocidos son más bien limitados, y la ocasión es la más idónea para aquellos que llevan dentro el carisma de un servidor público. Pero a la postre, el dedazo por decreto garantiza que siempre lideren las listas los mismos, quienes han convertido la política en un oficio. Hasta las nuevas formaciones que prometieron la participación eterna han caído en el ordeno y mando al dictado del poder. Y si antes dos partidos se repartían el 80% de la tarta electoral, ahora son seis las fuerzas con opciones de gobernar las instituciones, con lo que las porciones se reducen para unos y otros y aumenta la tensión interna.

El navajeo electoral entre susanistas y pedristas para imponerse en las listas ha retratado a la familia socialista. Su imagen sólo es comparable a la lucha entre la dirección nacional y la regional del PP. Pero punto y aparte merece el caos de Cs. Insuperable. Hasta doce aspirantes a liderar la lista al Congreso se presentaron por Cádiz. Y casualmente, ganó la apuesta del aparato. Entretanto, sus posibles candidatos a las municpales, empezando por Juama Pérez Dorao, caminan como alma en pena, temeroso de otra batalla interna y por la espalda. De los plantes y el forcejeo no se libran en Podemos. Todas sus proclamas sobre la participación se las tragó la tierra. Los podemitas tampoco logran convencer a un candidato de relumbrón para su proyecto y se tendrán que conformar con los leales a su causa. No está claro que repita ni David Navarro, molesto por tener que cederle el paso a Martín Vila. Pero no hay problema, tranquilidad. Todos dirán mañana que lo primero son los ciudadanos, aunque los garbanzos no se les vayan de la cabeza.

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