Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Susana y yo

De la extemporánea comparecencia de Susana Díaz en el Senado no me llamó la atención casi nada. Todo rutina: el tono faltón del diputado el PP, la lista de presuntos enchufados por el PSOE donde se incluye a una cuñada de la presidenta, la reiteración sobre los ERE y las tarjetas de la FAFFE en los prostíbulos, incluso la mera comparecencia fuera de lugar, al comienzo de la campaña electoral en un uso burdo de las instituciones. Estamos acostumbrados a todo eso, al clientelismo de unos y al sectarismo de todos. El teatrillo de la política, cada día más previsible. Lo que me resultó sorprendente fue que la presidenta de la Junta de Andalucía se declarase a sí misma "sosa". Para mí fue un choque del que todavía no me he repuesto. El portavoz del PP quiso hacer una gracieta con el supuesto gracejo de Susana Díaz y la presidenta se hizo la ofendida y se dio a sí misma tal calificativo. Yo pensaba más bien lo contrario habida cuenta de cómo ella misma se ha mostrado, la quintaesencia de lo que Luis Antonio de Villena llamaba el folklorismo sevillí: bética, rociera, seguidora de la Esperanza de Triana, aficionada a los toros, con traje de flamenca en la feria, gastando bromas a cada paso, el supuesto trato cercano al llamar a todo el mundo "canijo" y "mi arma". Por supuesto no hay nada más que ver Canal Sur, donde se refleja la idea de Andalucía que tienen nuestros gobernantes: ferias, fiestas, romerías, toros, carnavales, procesiones, gordos, viejos, copla y la Junta en todo momento. La idea que tienen de Andalucía quienes nos gobiernan, Susana Díaz desde hace cinco años por si ustedes no se habían enterado. No se le conoce visita a los carnavales de Cádiz, salvo que lo haya hecho disfrazada y con el rostro oculto para no ser descubierta. Pensé que ese gusto por el supuesto carácter juerguista de los andaluces lo imprimía aquella que dirige el gobierno regional. Pero, ¡oh sorpresa!, se ha declarado sosa. Bien es cierto que en el nivel más bajo en la escala, todavía le queda tiempo y empeño para pasar a adquirir los títulos de malage, siesa y siesa manía. Es preciso tan solo poner un poco de interés, lo digo con conocimiento de causa. Llegado a ese punto, a mi modesto entender, se igualaría con la mayoría de andaluces que ni tienen gracia ni les gusta la juerga ni puñetera falta que les hace. Esos andaluces que se levantan a las siete de la mañana cada día, mayoría en la comunidad. Lo mismo que es detestable un gaditano gracioso, resulta odioso un andaluz juerguista. Bienvenida, Presidenta.

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