Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Salero y salario

Estar dos años sin ser protagonista debe ser algo que le cuesta mucho a algunos, desde los punta jurado a los octavillas

En la época de los romanos se roturó la marisma de la Bahía de Cádiz para producir sal con tal éxito que siglos después Eduardo Benot llegó a hablar del "furor salinero", la obsesión por crear más y más salinas en la Bahía que con el paso del tiempo y la Ley de Costas cerraron poco a poco, algunas convertidas en piscifactorías, otras en atracción turística para los despesques o despesca, como dice Enrique Montiel. Los medios de comunicación nacionales se han enterado ahora de que en Cádiz se produce sal, necesaria para evitar la congelación de la nieve. Es lo que tiene que todos tengan su redacción en Madrid. Ya se sabe que una persona con gracia es que tiene salero, que el pago por un trabajo es el salario, que alguien sin arte es un soso o incluso un esaborío, sin sabor alguno. Desde los salazones de la Bética a la nevada madrileña, durante siglos en la comarca se ha producido sal marina. Hace algunos años, con la llegada de los impostores a la cocina, empezó la demanda de sal de calidad, flor de sal y otros productos similares que hacían lo mismo que la sal común pero a diez veces su precio. En el Carnaval, cantaban 'Los salineros' en 1950 : "Sin la sal no hay salud, sal de higuera tomas tú, sal de frutas salchichón, salmonete y el salmón. Sal la sílaba especial, sal delante sal detrás. Sal de aquí, sal de allá, sal si puedes pronto sal sal sal"... Ahora que no va a haber Carnaval, ni galas, ni nada por el estilo, algunos se esfuerzan, sin salero, por mantenerse en el candelero para que no se olviden en su empresa de que existen, inventándose concursos milenarios (¿mil años de carnaval?) con el fin de poder seguir con el tono casposo de costumbre.

Fue el Cateto de La Isla el que empezó con los seudónimos para referirse a los intérpretes, con el objeto de dar a entender que era un conocedor de los entresijos del Carnaval, luego muchos le copiaron, Mochila incluido, con lo que Cádiz parecía el pueblo más cateto de España, aquí solo había pellejos, zoletas, cabezas, chimeneas, toda esa parafernalia de motes de pueblo cuando en el Carnaval a lo más que habíamos llegado era a El Brujo, El Niño o El Carota. Estar dos años sin ser protagonista debe ser algo que le cuesta mucho a algunos, desde los punta jurado a los octavillas o punteaos, que nadie conocía hace años y ahora no nos explicamos nuestra vida sin ellos. No sabremos quiénes son los jurados, quién es hijo, primo, nieto o cuñado de quién y otros detalles sin los cuales nuestra existencia es insoportable. Igual no lo podemos soportar, dos años de espera. Una cuestión de salario más que de salero, no solo se pierden la audiencia del concurso, sino un dinero curioso en actuaciones o en presentar actos en Madrid o en Barcelona.

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