Relevo

Nuestra piel de toro se cuartea no sé si de vieja o de mal cuidada

Activistas vascos y catalanes tienen una macabra carrera de relevo para desestabilizar España y sus instituciones valiéndose de todo tipo de artimañas. Ambas regiones españolas son los hijos mayores que debieran ir por delante y van por detrás y si pueden por la espalda. Mantienen una guerra que lleva hecho mucho daño, guerra a veces política, a veces económica, ahora social, aunque no cuente con el apoyo del pueblo.

Cuando unos hablan otros callan. Si el País Vasco lanza el Plan Ibarretxe, Cataluña calla y espera. Si Cataluña llama al referéndum, el País Vasco guarda silencio y mantiene el testigo en la mano por lo que pueda pasar. El fin de la carrera no es otro que la independencia bajo las faldas del Estado Español al que siempre podrán recurrir y al que siempre culparán cada vez que algo les salga mal. Los malcriados de siempre.

La corona les incordia bastante por lo que tiene de símbolo de unidad y si pueden atacarla lo harán. La primera pitada como rey la recibió Juan Carlos al visitar por primera vez el País Vasco en 1981. Ahora le ha tocado a Felipe en Barcelona. Era de esperar.

En España gusta mucho pitar a los reyes, tanto como gritar después "Vivan las cadenas" cuando vuelven. Nada nuevo. Basta con poner en un buscador de internet pitada al rey y salen en montaña. En los partidos de futbol, en la calle, donde sea. Siempre pitan los mismos, los de Herri Batasuna, los de la CUP, da igual.

Nuestra piel de toro se cuartea no sé si de vieja o de mal cuidada. Con todo, lo peor viene de manos de los propios monárquicos. Tengo hacía la monarquía los mismos sentimientos que hacia los toros. Me da mucha pena su decadencia porque en ella va la nuestra. Animalistas y republicanos, que los ha habido siempre, están muy chillones y crecidos últimamente sin darse cuenta que el verdadero mal está entre los adeptos.

La crisis no viene de fuera. Los que nos hemos criado en el amor a la tauromaquia y en el respeto a la corona lo sabemos. Ambas comparten su anacronismo, su abandono, su intento siempre fallido de reinvención en lugar de mirarse a sí mismo, su traición a sus propios fundamentos, su tedio, su difícil relación con España y con los suyos y lo que es peor, ambos tienen en aficionados y cortesanos a sus peores enemigos. Al suelo que vienen los nuestros, podría decirse una vez más. Pero Felipe ha hecho bien, hay que estar donde hay que estar. Aunque protesten todos.

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