Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Puerto y ciudad

Siempre ha habido grandes gestores en el puerto de Cádiz que creían que las instalaciones eran casi un recinto privado

Días pasados hubo unas jornadas donde se debatió la relación que mantienen las ciudades con sus respectivos puertos. La mayoría de las experiencias se basan en el traslado de la actividad relacionada con el tráfico de contenedores y graneles a zonas portuarias situadas fuera de las ciudades, lo que en algunos lugares llaman puerto exterior. En las dársenas que históricamente están en la misma ciudad se han restringido los atraques a los cruceros y embarcaciones de recreo. Muchos puertos han utilizado los suelos vacantes para promover operaciones inmobiliarias, comerciales y de ocio. Hay miles de ejemplos en el mundo: Puerto Madero en Buenos Aires, el Maremagnum en Barcelona, el Bryggen de Oslo, los Docks de Londres, la transformación del puerto de Málaga junto al Paseo de La Farola, el Pier 33 de San Francisco e incluso las antiguas zonas portuarias de Manhattan, por decir algunos casos. En La Coruña se van a llevar al puerto exterior las actividades que alteran la vida ciudadana. Todo ello con el convencimiento de que cada puerto es una industria que genera gran cantidad de empleo y bienestar en todas las ciudades. En Cádiz se proyectó en su día un gran puerto en La Cabezuela. Conviene añorar los tiempos de ese brillante gestor que fue Rafael Barra, llorado por la denominada 'comunidad portuaria', que veía imposible retirar la valla del muelle porque había no sé cuántas directivas de seguridad ISO nosequé que lo impedían. "Es como si la gente pudiera pasear por la pista de un aeropuerto", llegó a señalar. Ahora un carril bici con zona peatonal recorrerá el perímetro portuario y se debate qué hacer con los 300.000 metros cuadrados que van a sobrar en la terminal Reina Sofía. Terminal, por cierto, que cuando la impulsó Carlos Bernal hace 40 años se dijo que era imprescindible para el futuro del puerto en el momento en el que los ecologistas, Jaime Pérez-Llorca y el Ayuntamiento socialista pusieron objeciones. Se ve que siempre ha habido grandes gestores en el puerto de Cádiz que no impedían su declive pero pensaban que el recinto portuario era casi una propiedad privada. Para los terrenos ociosos de Reina Sofía habrá que resolver con pragmatismo su futuro, incluyendo quizás una zona residencial que evite una ciudad fantasma a las seis de la tarde y proporcione recursos económicos. Desconfío de aquello que se proyecte que precise de la inversión pública, sea de la Junta, del Gobierno de España o del Ayuntamiento. A las pruebas me remito.

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