La patronal de los hosteleros se ha pronunciado en contra de que se venda marisco en las calles de Cádiz sin el debido control sanitario e insta a las administraciones a que tomen las medidas necesarias para impedirlo.

Me parece muy correcta la petición de Horeca, vela por los intereses de los consumidores y también defiende a sus asociados. Sin embargo creo que este tipo de cuestiones se quedan siempre muy cortas. No creo que baste con prohibir, sobre todo en cuestión de tradiciones de este tipo, sino que hay que buscar soluciones para que se garanticen los derechos de todos.

No hay que olvidar que muchas postales de la ciudad incluyen la estampa de alguna persona vendiendo marisco en pequeños cartuchos de papel que se colocan sobre una cesta de mimbre. No creo que esta actividad si estuviera controlada y legalizada perjudique a nadie y creo que sería una actividad que podría convertirse incluso en característica de la Bahía.

Más que prohibir la actividad lo que sería necesario sería otorgar algún tipo de licencias para que personas con la debida cualificación pudieran ejercer esta actividad. Si ahora en todo el mundo parece que se impone la comida callejera, no va a venir ahora Cádiz a prohibirla, lo que a mi juicio había que hacer es regularla. Si las personas que venden estos mariscos como camarones, trozos de mojama, ostiones o erizos cumplen con toda la legislación, el marisco tiene los papeles necesarios y se venden con garantías sanitarias, considero que su figura en las calles podría ser atractiva.

Unos puestos que cuenten con personas uniformadas, con su sistema de refrigeración y con unos productos de calidad podrían servir de atractivo e incluso ser positivos para los locales de hostelería que los tengan cerca. De hecho hay que tener en cuenta que durante mucho tiempo estos puestos en la calle Zorrilla o en la zona del mercado, eran un atractivo más.

Creo que a veces caemos en la propuesta fácil, la de prohibir simplemente una actividad, sin pararnos en pensar que para la ciudad hay que ir un poquito más adelante, pensar en positivo, en construir más que en destruir, sobre todo en una zona que lo que más necesita son puestos de trabajo e imaginación para que salgan nuevos negocios pequeñitos pero que den de comer a unos cuantos.

Sería interesante que la patronal de hostelería no se quedara tan sólo en la prohibición sino que propusiera ideas para que estos puestos tradicionales de la ciudad se mantuvieran pero con las debidas garantías. Mejor construir, que destruir.

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