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Yo te digo mi verdad

Políticos

Lo suyo de un político es mantenerse en el poder si lo ostenta, o acceder a él si están en la oposición

Aver, en líneas generales todo el mundo va a lo suyo. Menos yo, que voy a lo mío… como dijo el clásico. Hay excepciones, y como ya he escrito, sobre estas excepciones se fundamenta mal que bien la marcha del mundo.

En esta crisis gigante e inesperada, los hosteleros van a lo suyo, los obreros reclaman su parte, los autónomos exigen que no se les olvide, los empresarios resaltan su papel de locomotora del empleo, los pensionistas se ponen en pie para que nadie les reste del producto de toda una vida, hasta los curas recuerdan que las misas son necesarias. Excepto los ya señalados como esenciales, que se dedican a seguir trabajando, todos levantan el dedo para pedir su turno de palabra. Es normal. Bien pensado, es hasta justo. Y de que la autoridad, competente o no, encuentre la fórmula para que la tensión de todas estas reivindicaciones se dirija hacia el buen futuro, depende la calidad de la salida a este inmenso y triste mazazo de la enfermedad.

¿Y esa autoridad? ¿Y los políticos? Pues tampoco son diferentes al resto. ¿También van a lo suyo? ¡Exactamente! Es decir, cuando un autónomo está pensando en que le aplacen o le perdonen sus cuotas, o un parado en que le prorroguen el subsidio, o un hostelero en que le amplíen la terraza, o un directivo de la Federación en que se se reanude la Liga cuanto antes… el político está pensando en lo suyo. Y lo suyo de un político es, en primer lugar, mantenerse en el poder si lo ostenta, o acceder a él si está en la oposición. Hay que considerar la diferencia de ganancia (por supuesto de dinero) que supone estar al mando o estar intentándolo. Por eso, en el primer caso, el político presumirá de sus acciones e intentará negar incluso los fallos evidentes, porque sabe que el que se encuentra al asalto no aceptará ni sus éxitos más claros. El agua es para los amigos.

En el segundo caso, el que está pendiente de tomar el castillo y sus prebendas resaltará todos los errores e ignorará como inexistente el mínimo acierto del gobernante, al que atribuirá todos los males existentes, y sobre todo los por llegar. Si se tercia, lo señalará como fabricante de virus. Ahora se ve lejano, pero cuando estemos cerca de unas elecciones, políticos de todo signo sentirán de manera más apremiante que lo que está en juego no es el futuro del país, sino el de ellos mismos y su patrimonio. Y sepamos que ellos, los políticos, siempre están pensando en las elecciones. Son humanos, en el envite les va, sobre todo, lo suyo. El resto es saber qué es lo nuestro.

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