Pescadilla sin cola

Nos pasean por la democracia como por el mejor de los paisajes

A la política le está pasando lo mismo que a algunas ciudades decadentes convertidas en un mero escenario sin vida propia, viviendo del pasado, elaborando su propia leyenda sin apenas argumentos: una iglesia, dos calles, un plato típico y alguien célebre que murió hace muchos años. Las ciudades decadentes se van deshabitando porque no tienen futuro y los jóvenes tienen que buscarse la vida en otra parte. Sus plazas están tristes, sin apenas niños, solo turistas atolondrados mapa en mano. Ciudades a la medida del visitante actual que termina por no distinguir un paisaje idílico porque todos los paisajes turísticos terminan por parecerse. Acabamos por mirar de la misma forma, sin sorpresa ni curiosidad, sin admiración ni deslumbramiento. La experiencia, el arte y el paisaje sometidos a las leyes de la sociedad de consumo. Tenemos aprendido que viajar es cultura, pero los avances nunca son redondos ni viajar es eso.

En política pasa igual, nos llaman una y otra vez a las urnas. Nos montan en el trenecito electoral, nos pasean por la democracia como el mejor de los paisajes, nos cuentan cuánto ha costado llegar hasta aquí, nos hacen sentirnos privilegiados por vivir en la parte civilizada del mundo y mostramos agradecidos nuestra disposición a creer lo que nos cuentan. Queremos participar en el viaje. Nos sirven el plato típico del debate electoral en el que unos figurantes narran su discurso aprendido en una especie de diálogo de sordos. Y votamos, como se viaja hoy en día, no sé si por costumbre, por inercia o, como es mi caso, por sentimentalismo.

La experiencia se acumula y terminamos por confundir un viaje con otro, una votación con otra. Nada nos cambia ni nos hace mirar de manera distinta. Los viajes y las urnas nos vuelven al punto de partida. Sí, por aquí ya hemos pasado. Somos la pescadilla que se muerde la cola.

Tenemos que recuperar la capacidad de asombro y de cambio. Confiar en nuestra propia experiencia e implicarnos de verdad con una mirada limpia y nueva. Tenemos que escoger buenos compañeros de viaje y huir de escenarios, figurantes e impostaciones. No hay que viajar más, no hay que votar otra vez. Por el mundo no hay más que locos gobernando y, en España, ni locos ni cuerdos. Estamos en manos de oportunistas en un momento triste y preocupante. Bajemos al fin de esta noria que no nos lleva a ninguna parte. Conmigo que no cuenten. Felices vacaciones y hasta septiembre.

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