La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Oración a la Esperanza Macarena

Te pido, Esperanza, lo que sólo tú puedes hacer: que seas la guardesa de la limpieza de su mirada y la luz de su sonrisa

Porque eres guardesa de lo frágil que en tus manos se hace fuerza de Dios y de lo efímero que en tus ojos se hace eternidad. Porque eres grandeza de lo pequeño, de aquello a lo que tantas veces no damos importancia hasta que lo perdemos. Porque eres absolución de todos los besos y abrazos que no hemos dado, de todas las veces que no hemos dicho "te quiero", de tantos pecados de omisión de amor que tú no solo perdonas por el poder de tu Hijo, sino que reparas haciendo llegar besos, y abrazos, y "te quiero" a quienes hemos perdido, frontera tu perfil perfecto entre este fugitivo tiempo nuestro y la eternidad en la que ellos viven.

Porque eres la Madre que todo lo comprende como sólo una madre puede hacerlo, sin necesidad de que le confesemos nuestras culpas. Porque eres la divina partera que coge con sus manos las almas recién nacidas a la eternidad. Porque eres amanecer seguro que derrota todas las madrugadas, eterno comienzo, oportunidad siempre renovada. Porque eres compasiva y fuerte cirinea que quita peso a nuestras cruces. Porque eres reina y patrona de la felicidad pequeña de cada día, de la risa, de la alegría, del sol primero de la mañana. Porque no hay espejo de justicia más limpio, trono de sabiduría que sepa más de la vida pequeña, diaria, cotidiana, causa tan luminosa de nuestra alegría, más fuerte torre de David, más delicada torre de marfil, casa de oro más brillante que tú y el mundo que los tuyos te dieron convirtiendo oro y terciopelo en ráfaga del resplandor de tu cara, Arca de la Alianza en la que refulge la felicidad de haber tenido a Dios en tus entrañas, puerta del Cielo abierta para que desde esta vida entreveamos la eternidad que nos aguarda, más brillante estrella de la mañana, mejor médico de la salud de nuestras almas, más maternal refugio de pecadores, más alegre consuelo en nuestras aflicciones...

Por esto y tantas cosas que no se pueden decir, sólo sentir y llorar, te pido, Esperanza, que seas la defensora de la limpieza de la mirada y la luz de la sonrisa de mis nietos -hoy, que María viste por ver primera la túnica de hija de la Esperanza- como sólo tú, guardesa de lo frágil, grandeza de lo pequeño, defensora de la inocencia y la alegría, puedes guardar. Bendito sea Dios que nos dio a su Madre por madre, bendito sea el barrio macareno que parió y dio su apellido a la Esperanza y bendito sea quien esculpió la eternidad en un rostro.

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