"Mal que bien"

Si supiera le robaría también los versos y los silencios

Iba a escribir sobre la que se nos viene encima, aunque que yo no termino de creérmelo. De que los independentistas seguirán dando la lata porque, no les interesa el gobierno de España sino el de Cataluña. Pedirán lo de siempre, referéndum y autodeterminación. Cifro mis esperanzas en los que quieren dividir a España para que no quede en manos de quienes quieren destruirla. Le llaman progresismo.

Sánchez, para presidir su partido lo sacudió como se sacuden las sábanas por la mañana, volteando al aire sus bases más sólidas. Y le compraron el cuento. Ahora está dispuesto a sacudir a España para que no se descubra que siempre se mantiene en el poder sin ganar. Quizás se trate de un hechizo porque cambia su cara, sus mensajes, sus días sin sueño, sus abrazos. Y la derecha normal en la luna. Temerosos de que, si hacen algo, Vox se los coma. No quieren mancharse, están sentados a ver pasar el muerto. Y así van todos, a sus asuntos.

Cuando me pasa algo que no puedo cambiar, como esta situación política, leo poesía. Es lo único que me da consuelo y distancia de las cosas. Lleva pasando lo mismo siglos y más siglos. Por eso este artículo no lleva por título "Peor que mal" que sería el que correspondería si les hablara de esta política que no sabe vencer dificultades ni salir adelante sino "Mal que bien", que es título robado del libro de poemas recién publicado de Enrique García-Maíquez. Si supiera le robaría también los versos y los silencios que hay en el poemario porque encierran un canto grandioso a la vida plena, a la sorpresa de lo cotidiano, a la danza de la muerte y su difícil ritmo, al platillo de la balanza que es la Tierra, a las conversaciones con los muertos, a los poemas confesionales, a la poesía, al amor a la palabra, a la naturaleza, a la fe, al deslumbramiento que producen los hijos, a la lectura, al amor. Hasta al presumir de maduro sin serlo del todo.

El poeta nos regala sus desvelos, pero también sus descubrimientos, nos invita a su casa y nos hace partícipes de su familia. Asistimos a sus conversaciones con quienes ya no están. Contempla sin solemnidad alguna, se mira a sí mismo con ironía para que no se note tanto la profundidad de lo que dice o quizás porque lo profundo, el propio misterio de la vida, es siempre un regalo.

Ya saben, si tienen una preocupación cuya solución no esté en su mano, lean poesía. Les cambiará la mirada.

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