¿Y la Justicia?

Yo pensaba que la justicia era primera necesidad, pilar insustituible

La justicia en España merece un capítulo aparte. Me entristece el espectáculo que está dando durante la pandemia. El poco interés, la nula implicación por parte de casi todos los que mandan para que al menos funcionara tan deficitariamente como antes. Tampoco es pedir mucho. No se entiende que hayan estado abiertos supermercados y estancos, que ya lo estén bares, restaurantes y discotecas y los juzgados sigan con la puerta entrecerrada. Cada cual aviándoselas como Dios le da a entender, creando sus propias reglas, en un desconcierto de agendas que es lo más contrario al derecho a la tutela judicial efectiva. Unos jueces suspendiendo todo lo que pueden, otros celebrando telemáticamente, otros bajo las órdenes de una limpiadora que sin toga es la que manda en la sala de vistas. Ya digo, triste.

El Ministro de Justicia no ha estado a la altura. En la enseñanza, en lugar de dotar de medios, el gobierno ha dado aprobado general. En la justicia, se ha limitado a paralizarla para garantizar la seguridad y salud de todos. Nunca sabré por qué, la seguridad de una cajera de supermercado, de un frutero, de un estanquero no merecen tanta protección frente a otros ciudadanos que han podido quedarse en sus casas a esperar que escampe. Yo pensaba que la justicia era primera necesidad, pilar insustituible, no un desastre manifiestamente manejable que, lejos de mantener su independencia, se aviene a las órdenes del gobierno hasta el punto de cesar la actividad incluso de la plataforma telemática. Para la justicia el teletrabajo tampoco existe porque implica dotar de medios y eso sí que no. Se ha perdido una oportunidad única para mostrar independencia, capacidad y reclamar que la justicia es y debe ser la base de toda sociedad democrática, que necesita y exige medios para ser eficaz.

Mi mayor respeto y admiración para aquellos que, por encima de impedimentos y prohibiciones, siguen trabajando, celebrando juicios de manera presencial, telemática o, como sea, con tal de no atascar sus juzgados. A los jueces, funcionarios, fiscales, abogados, procuradores, médicos forenses, guardia civil, policía y servicio de limpieza, a todos los que trabajan inasequibles al desaliento. A cuantos hacen posible que la justicia medio funcione frente a las trabas del gobierno y la incomprensible pasividad de los dóciles consejos y asociaciones que tienen la ineludible obligación de alzar la voz. Bien triste.

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