Hubo un tiempo en el que me encontraba a menudo con Antonio Cortés Sabriego, aunque en realidad nunca fue mi pediatra (lo fue el padre de Carlos Rosado). Era un hombre muy culto y hablador, que siempre tenía algún comentario inteligente sobre la vida de la ciudad que me trasladaba en la época en la que yo era concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Una vez me contó que el monumento a las Cortes de Cádiz de la plaza de España era el único del mundo que estaba rematado por un libro, detalle que suelo recordar de vez en cuando a quien habla de él. Pasado el tiempo la Asociación de la Prensa le encargó , con motivo de su centenario, un cuadro a Hernán Cortés que representa el mismo monumento que con tanta elocuencia explicaba su padre. Cuando se hizo la exposición retrospectiva del pintor en la sala de Unicaja narró sus comienzos , como su padre quería que él estudiase Medicina, los lápices que le regaló su madre y la manera en la que Dámaso Alonso, convenció a su padre para que permitiese dar salida a la pasión por la pintura que a la postre nos ha traído un excelente pintor y, a mi modesto entender, un retratista como hay pocos en España. Hernán, además de la habilidad por todos conocida para la pintura, tiene otra que a mi juicio resulta extraordinaria: la elocuencia. Es capaz de explicar su obra o cuadros ajenos con unos comentarios que te hacen abrir lo ojos para lo que hasta ese momento parecía oculto. He tenido el privilegio de visitar el Museo del Prado acompañado por él mientras nos ilustraba con algunos comentarios sobre historia, sobre técnica pictórica o sobre cómo un cuadro ha influido en la historia del arte . Ahora miro esas pinturas de manera diferente. Recuerdo vivamente cómo Hernán explicaba también la relación entre música y pintura a partir de los gustos de su madre, asunto sobre el que uno, un completo ignorante en todas las ramas del arte, nunca había pensado. Hay algunos cuadros de Hernán que siempre me llamaron la atención: los retratos de Jesús de Polanco, Felipe González, Javier Pérez Royo, Dámaso Alonso, Carmen Bustamante o José María Pemán. Este último en la Casa Pemán, influido quizás por la famosa foto que le hizo al poeta Marisa Flores para El País cuando el Rey Juan Carlos le puso el Toisón de Oro. La Asociación de la Prensa luce orgullosa en su vestíbulo el cuadro que hizo Hernán hace 10 años y que sirvió como recuerdo a todos sus socios y colaboradores con un cuidado grabado numerado y firmado cuyo número uno se le entregó al actual Rey de España.

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