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Cada día las redes sociales de la candidatura de Cádiz al Congreso de la Lengua publican una palabra que podríamos definir como endemismo gaditano. Esta iniciativa ha tenido un extraordinario éxito hasta el punto de que la palabra bastinazo fue protagonista de la presentación en Madrid. Tanto Lola Cazalilla como Jorge Drexler hablaron de la palabra, que puede ser tanto positiva como negativa, según el contexto. En El lenguaje de la mar de Cádiz de Osuna y Ureba, bastina es un pez de la familia del cazón, de peor calidad y reputación, por eso en su origen tuvo un componente negativo, que evolucionó con el paso del tiempo. En el Carnaval hay también cajonazo, pelotazo y otros adjetivos similares. Algunas palabras pierden su significado original con el uso. El fascismo fue en su origen una teoría política que se desarrolló en Italia hace 100 años y ahora se le obsequia a cualquiera con frivolidad, sobre todo en boca de los dirigentes de Podemos. La misma frivolidad con la que los portavoces de los partidos de derecha hablan de golpe de estado o dictadura para referirse al Gobierno o a España, en una exageración que anula el significado de las palabras. Si España fuera de verdad una dictadura, ellos mismos no podrían decirlo en público, como es evidente. También se trata a la ligera la violencia: violencia política, violencia verbal, cuando en España hemos vivido en el País Vasco escenas de violencia de tal magnitud que malgastar esa palabra resulta ofensivo. En realidad es como cuando te llama machista o, lo que es peor, señoro, el sector más radical del feminismo. O llaman feminazis a toda la que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Ya saben ustedes lo que dijo Humpty Dumpty: "Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen". Igual en tres meses tenemos en Cádiz a lo más granado de las letras en español, si al final no se puede hacer en Arequipa el IX Congreso de la Lengua. Podríamos hacer alguna ponencia sobre el mal uso de palabras, o de la manera en la que se desgastan hasta el absurdo, sea facha o sea bolivariano, sea histérica o sea pollavieja. Igual es la voz que clama en el desierto porque las redes en lugar de contribuir al diálogo en la plaza pública han convertido la conversación en un estercolero. Los medios de comunicación tampoco contribuimos a mejorar el idioma. Le decimos pastilla a un solar, percutir dicen los locutores deportivos junto con arquero o pelota parada, importados de Argentina. El martes la palabra puesta en circulación por los gestores de la candidatura de Cádiz al Congreso de la Lengua fue agarrao. Se la podemos adjudicar a Martín Vila, que se resiste a pagar lo que debe para apoyar el Congreso.
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