Tribuna libre

Antonio M. / Rodríguez / Márquez

Ferias y fiestas en Ronda y Zahara

21 de agosto 2010 - 01:00

LAS temporadas primaveral y estival traen la época de ferias y fiestas a nuestros pueblos, en la mayoría de los cuales se prodiga el espectáculo taurino, con un ciclo que viene a cerrarse, prácticamente, con aquellas ferias que alcanzan la estación otoñal, como la célebre Fiesta Goyesca de Ronda, también denominada Feria de Pedro Romero en homenaje al insigne rondeño que tanta gloria diera a su ciudad con la lidia del toro bravo, al que se le atribuye, la gesta de haber matado más de cinco mil toros sin que fuera herido por ninguno de ellos. Su fama se extendería incuestionable por todo el planeta de la fiesta brava y de ahí que su pueblo le honre hoy y le reconocerá siempre, dedicándole monumentos y una feria universalmente famosa, abierta y cosmopolita, que tiene lugar durante la primera semana de septiembre.

En la Alameda del Tajo durante la tarde-noche del pasado viernes 6, en un escenario que tiene como fondo la estatua de este prócer, con bastante expectación se presentaron los carteles y revistas de la Feria y Fiestas de Pedro Romero 2010, con el nombramiento de la presidenta y damas goyescas cuyo programa configura un proyecto llena de interesantes y atractivas actuaciones que tendrán lugar en la monumental ciudad, destacando los carteles taurinos que, como siempre, anuncian figuras de relevancia que lucirán, en lugar del traje de luces tradicional, el de la época del gran pintor de Fuendetodos, autor del célebre cuadro de La Maja

Durante el mes de agosto, por un sentimiento de añoranza que viene a resucitar épocas del pasado que corresponden a mi niñez e infancia en el plano taurino, he vuelto a recordar las famosas capeas de mi pueblo, Zahara de la Sierra, -unido a Ronda por históricos lazos musulmanes y de la Reconquista-, en cuyas fiestas no faltó nunca la celebración de estas corridas, llegando a registrar en cierta ocasión la participación, incluso, del legendario Juan Belmonte, que creara época con su peculiar estilo, vinculándose al pueblo hasta el extremo de comprar la finca "El Chorreadero" enclavada en el término de Zahara. También hay datos de la intervención del maestro Martín Vázquez, Posada y otros espadas de menos cartel como Machuca, Brea y alguno más, tal fue la fama alcanzada por la plaza zahareña con sus célebre capeas.

Aquellas fiestas del pasado, (décadas de los 40-50-60 y posteriores con otro diseño), contaba con el aliciente de los encierros. Desde un mes antes de la feria ya la vacada pastaba por los aledaños del pueblo para que el apartado de las reses a lidiar cuando llegara su momento no resultara laborioso, adaptándose el ganado al terreno hasta su entrada por la pina calle Olvera, llevándose con cabestros desde el campo a la plaza principal convertida en coso taurino.La expectación en esta variante de la feria era otro espectáculo más. Las ganaderías pertenecían a los hierros de D. Fernando Urruti, D. José Jarillo y alguno más, de reconocido encaste y bravura.

Una jornada cualquiera de aquellas ferias, discurría con la diana mañanera, pasacalles, la celebración de una charlotada a las doce del medio día, con becerros para aficionados locales, los payasos del Teatro Hermanos Murillo, (excelentes profesionales, muy queridos en el pueblo), paseo de caballos, caseta municipal y hasta tres orquestas en el paseo, Acabada esta parte de la jornada, inmediatamente después comenzaba a registrarse el movimiento de la gente tomando posiciones en la peña para ver el encierro de las reses que se lidiarían durante la tarde, (una decena de vacas, vacas, y el becerro de muerte), que había que alojar en la plaza, para, en una selección, dar suelta a las placeadas y de desecho, y el resto enchiquerar en los corrales anejos, separando el becerro que sería lidiado y estoqueado en la tarde, con los animales seleccionados. Esta labor de encierro venía a sumar un aliciente más a la diversión por las peripecias que se vivían, todas divertidas y llenas de colorido, imposible de describir por el espacio.

La plaza pública se convertía en plaza de toros por un prodigio de adaptación a la madera de los artesanos de Currito el Carpintero, Pepe Mesa y los célebres, Andrés y Joaquín García, hijos del primero, verdaderos artífices y protagonistas de aquellas ferias en las que tanto entusiasmo e ilusión ponían, ( hoy desaparecidos aunque no olvidados). Ultimada la corrida, a veces de noche por los problemas que habría podido originar el encierro, el feriante se preparaba para la jornada de la noche: teatro, baile y verbena hasta la amanecida, dormir -el que se lo podía permitir- y a hacer acto de presencia en la plaza para la charlotada de la mañana. La feria de ganado no estaba ausente de la feria, celebrándose con interesantes transacciones.

Era la pauta que se seguía durante el desarrollo de aquellas jornadas de feria en este pueblo gaditano de la comarca rondeña. que solía incurrir en un tráfago por el ajetreo y actividad intensa, pero soportable que, recordando sus ferias del pasado, disfrutará los días 20 al 23 de este mes, de una edición más, con divertimentos de algunas reminiscencias taurinas por la suelta de algunas vaquillas en sus calles que, aun despertando el jolgorio festero, difícilmente podrán igualar a aquellas capeas que recordaremos con nostalgia y que a más de uno,-embargados por el recuerdo y la añoranza-, les moverá la tradición y se pondrán en alerta para repeler, llegada la ocasión, y no entrar al trapo de la prohibición que sectores animalistas, manipuladores y antiespañoles le planteen para terminar con algo tan nuestro y español como son las corridas de toros.

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