Los poderosos llevan a sus hijos al Altillo, al Centro Inglés, al Guadalete o al Grazalema. Los tiesos con aspiraciones a San Vicente, las Esclavas o San Felipe. Los tiesos con menos postureo y obsesión por el estatus a Salesianas, Salesianos, Argantonio o Carmelitas. Curiosamente todos estos centros tienen el ideario de la Iglesia Católica, todos intentan que ningún inmigrante vaya a sus aulas así como que los alumnos con necesidades educativas especiales sean desviados a centros públicos con el argumento de que no tienen especialistas. La aporofobia es el punto primero del ideario de todos estos centros, que no deben necesitar eso del pin parental porque al fin y al cabo lo que les enseñan tiene que ver con dogmas del catolicismo tan extravagantes como la santísima trinidad o la inmaculada concepción. Padres que no son creyentes, que no viven acorde con los principios del cristianismo, gustan de los uniformes de estos centros como si con ellos sus hijos fueran a triunfar en la vida y ellos mismos hubieran promocionado socialmente. Se sienten más importantes cuando en realidad los que de verdad tienen dinero les miran por encima del hombro porque envían a sus hijos a escuelas pagadas por el Estado en lugar de pagar ellos mismos los gastos de la educación de sus hijos.

La Institución Provincial Gaditana se cae a pedazos mientras el gobierno de Andalucía aprueba un decreto para favorecer a la enseñanza concertada. Hemos pasado del anuncio del por entonces delegado del Gobierno Juan Luis Belizón de que en el lugar que ahora ocupa la Institución se crearía un centro docente donde los niños podrían estar desde infantil hasta bachillerato a dejar que se pudra el último centro que lleva camino de cerrarse en la ciudad después de Jaime Balmes, Eduardo Benot, Andalucía, José León de Carranza y Manuel de Falla, entre otros. En Cádiz se cierran colegios públicos mientras se es generoso con la enseñanza concertada, así desde hace 30 años. Los países con mejores sistemas educativos, como la tan citada Finlandia, tiene un sistema educativo público único y gratuito. Un país tan desarrollado como Francia tiene en el sistema público único y universal el ascensor social donde todos los ciudadanos comparten igualdad. En España le regalamos a las comunidades religiosas decenas de miles de millones que les quitamos a los centros públicos, donde el esfuerzo de los maestros y de los padres compite en desigualdad de condiciones.

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