Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Equidistantes

El caso es que el conflicto provocado por los supremacistas catalanes enturbia la vida española

Uno de los mayores errores del Partido Socialista en sus 35 años de gobiernos andaluces fue cerrar los siquiátricos de tal manera que antes la gente con algún problema mental estaba en un hospital y ahora están fuera. El vivo ejemplo fue el del descerebrado que llenó de lazos amarillos la plaza Mina para que algún medio digital publicase la tontería "El Cádiz de Kichi con lazos amarillos", culminado por el descerebrado de turno que veía en ello un ejemplo de la solidaridad gaditana con la causa de la independencia de Cataluña. Se ve que hay majaras por toda la geografía española. Desde Macandé al tonto de los lazos amarillos hay una larga tradición de perturbados vecinos de la Trimilenaria, hijos del viento. El caso es que el conflicto provocado por los supremacistas catalanes enturbia la vida española ya que dos millones de catalanes tienen secuestrados al conjunto de la comunidad y segregados a una mayoría de ciudadanos no independentistas, a la vez que martirizan a 45 millones de españoles a quienes quieren imponerles su voluntad. Lo más sorprendente de este fenómeno son los equidistantes, aquellos que provistos de una supuesta superioridad moral dicen no apoyar ni a los independentistas catalanes ni a quienes ellos llaman nacionalistas españoles. Ni con unos ni con otros, resumen. El paradigma de la equidistancia es Jordi Évole, el cómico con ropaje de periodista que desde La Sexta cree que nos deslumbra con su altura de miras para informarnos de que no está ni con uno ni con otros, que él se sitúa por encima del bien y del mal, lo que a la postre ayuda al independentismo. El problema es que un sector de la izquierda española está en la misma actitud, como si no fuera con ellos que tengan secuestrados a millones de catalanes, que se quiera robar la soberanía nacional al conjunto de los españoles privándonos de nuestro derecho a decidir el futuro del país y se atente contra las leyes. Quienes se encogen de hombros o se mantienen al margen hacen posible el diario atropello al que nos somete el racismo catalanista con su apariencia de víctimas, sus lacitos de plástico y el aplastamiento a quienes no piensan como ellos. No se puede permanecer al margen cuando alguien intenta robar en tu casa y decir que quienes se quieren defender son iguales que quienes perpetran el delito. Ser equidistante es colaborar con aquellos que quieren quebrar la convivencia. Ya saben el famoso relato que concluye: ahora vienen a por mí y ya no puedo hacer nada.

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