La vida es un milagro, según sostienen muchos. Unos piensan que lo es desde la concepción, ese complejo y eficiente entramado biológico con el que arranca la existencia humana, y otros estiman que el milagro de la vida se produce después, cuando hay sociedades explotadoras que obvian al ser humano y lo arrastran a malvivir en unas condiciones que hacen de la supervivencia un milagro periódico. Milagrosa o no, ahí está la vida y con ellas las generaciones, las sucesivas capas humanas que se superponen unas a otras llegado el momento. El momento de empujar, el momento en el que una generación presiona de manera natural a la anterior, como ésta hizo con la que le precedió. Las generaciones crecen, asoman la cabeza, piden su sitio y se van situando en la vida a medida en que sus pasos lo van decidiendo. Es un milagro verlos llegar. Empujan, luego envejecemos.

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