Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Dilema

¿No sería menester un alcalde más sieso? En primer lugar porque los siesos somos mayoría

Les voy a plantear un dilema moral: ¿es mejor uno que sea buena persona aunque mal alcalde o un buen alcalde aunque sea mala persona? No valen soluciones intermedias ni decir: que sea buena persona y buen alcalde. El dilema se plantea entre buena persona y buen alcalde. Viene a cuento por algo no por repetido menos cierto: José María González es una buena persona pero su gestión ha mostrado debilidades importantes en muchos ámbitos. Kichi, como quiere que le llamemos, es un buen tipo, simpático, con sentido del humor, que sabe escuchar, que atiende a todo el mundo, que sigue viviendo igual que vivía antes de ser alcalde. Juancho Ortiz, que también prefiere, por lo visto, el sobrenombre, es también una persona cercana, bromista, campechano, buena gente. Fran González, en cambio, no sé si por timidez o por recelo, tiene que hacer esfuerzos para mostrarse próximo, actúa con profesionalidad pero no tiene la simpatía y el desparpajo de los anteriores. No puedo hablar sobre Domingo Villero porque no le conozco. En una ciudad pequeña el contacto personal resulta importante de cara a la opinión que se forme la ciudadanía. Seguramente a José María González no le serviría de nada ser un buen tipo si fuese alcalde de Madrid, porque no tendría oportunidad de tener relación con una parte significativa de la población pero en sus cuatro años como alcalde ha demostrado una cercanía y una accesibilidad que le han granjeado simpatías. Por si fuera poco es cadista, carnavalero y, según dice, aficionado a las procesiones. La quintaesencia gaditana, según nos quieren hacer creer. Digo yo: ¿no sería menester un alcalde algo más sieso? En primer lugar porque los siesos somos mayoría porque mucho ruido que formen Las Tres Cés. Sería más representativo un alcalde malage , reflejo del Cádiz auténtico, el que no sale en las televisiones, el que no canta en el Falla, el que ve el carnaval con moderación, el que pasa de la Semana Santa, el que se alegra de que gane el Cádiz igual que se alegra de que lleguen cruceros, porque hace felices a muchos. Un alcalde que no se prodigue en la vida social gaditana, como hacía con profusión Teófila Martínez, capaz de resolver problemas, que enderece el rumbo decadente de la ciudad, con un proyecto de cara al futuro, una ambición hacia donde dirigir Cádiz más allá de palabrería vana, frases hechas y eslóganes de campaña. Alguien que gestione los expedientes en los despachos y consiga de las administraciones el cumplimiento de sus obligaciones para con la ciudad.

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