Descarnados

Dicen que la carne es débil y ahora comprendo por qué

Dicen que quieren cuidar de nosotros y del planeta. Nos quieren saludables y poco contaminantes. Por eso no quieren que comamos carne, o lo que es peor, quieren que comamos carne de mentira con sabor, textura y olor a carne de verdad. Un pienso como el de los perros con el que asaltar al sistema ganadero tradicional desprestigiándolo para sacar adelante un nuevo negocio. Visto que los gusanos, insectos y algas no terminan de conquistar al consumidor salvo en los restaurantes de varias estrellas, hagamos comida artificial. Primero enseñaron a la gente a comer comida basura chorreada de kétchup para después poderle endilgar este invento a veganos, vegetarianos y demás tribus hambrientas que en el mundo existen. Dieta saludable, ecológica y que no necesita sacrificio de animales. No se puede pedir más con menos: una hamburguesa sin carne. La dieta mediterránea no vale nada al lado de este invento para mentes ingenuas. Prefiero un buen potaje, francamente.

Al reino vegetal que se utiliza para estos emplastes no lo protege nadie, qué dolor. No sé qué hago defendiendo a la carne que me interesa poco, más bien acuso a esta patraña sin nombre. La carne es lo contrario al espíritu. No en balde a la sensualidad le llaman la tentación de la carne y, triunfo de la carne, al sexo; aunque yo no sé cómo podría triunfar el sexo sólo con carne y sin imaginación. El carnaval, dicen que es el adiós a la carne, de ahí el disfraz y el desenfreno de la despedida. Es carne también la pulpa de la fruta y un adjetivo para darnos un color, el color carne, que es el color de la piel. El membrillo da una carne de ámbar cuya dulzura da cosquillas al tragarla. Hay quien está metido en carnes y a quien se le pone la carne de gallina. A algunos nos gusta poner toda la carne en el asador y otros, que no se mojan, no son ni carne ni pescado. Hay también quienes sufren en carne viva y quien es carne de cañón de muerte pronta y vida tortuosa. A los temerosos se nos abren las carnes. Los sufridos tienen carne de perro y los que no pueden parar de comer están metiditos en carne. Los escultores para dar vida a sus obras las cubren con la encarnadura, que es la piel de las tallas.

Dicen que la carne es débil y ahora comprendo por qué. Cuenta el génesis que Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente. Nacimos pues del barro, pero somos de carne. Carne de la buena.

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