Desafección al tres por cuatro

En estos 40 años la mayoríade las agrupaciones han creado asociaciones que son lasque cobran las actuaciones

04 de diciembre 2023 - 00:15

En 1984 sacamos en la revista Andana, que publicaba la Diputación, un informe sobre el dinero que ganaban las agrupaciones carnavalescas, la mayor parte del cual no se declaraba. Aquello fue una conmoción que terminó en un debate auspiciado por Pepe Benítez sin pelos en la lengua en su programa dominical de Radio Cádiz. En 2018 había un festival de comparsas en la sala Momart llamado La Finalísima. Allí se coló un inspector de Trabajo para comprobar si las agrupaciones y el empresario habían dado de alta a los participantes, lo que provocó que algún componente de agrupación que cobraba subsidio huyese por la ventana. Ahora los inspectores de la Agencia Tributaria recaban información sobre los proveedores de las agrupaciones para comprobar si ese dinero se declara como ingreso y si se incluye el IVA. En estos 40 años la mayoría de las agrupaciones han creado asociaciones que son las que cobran las actuaciones y distribuyen el dinero entre los participantes. Por supuesto, cuando el contratante es la Administración, todo tiene que estar en regla porque no queda otro remedio. Cuando la transacción es con alguna empresa privada, a veces se declara y otras veces va en negro. Según decía este periódico, la petición de información de la Agencia Tributaria ha provocado “desafección” entre los comparsistas. Comprendo que si se ve por televisión que Shakira ha defraudado millones de euros, que los futbolistas más importantes (Xabi Alonso el último) crean sociedades en paraísos fiscales a las que ceden sus derechos de imagen para no cumplir sus obligaciones fiscales o, lo que es peor, cuando se dan casos como la Gurtel donde decenas de dirigentes del Partido Popular cobraban dinero en B, e incluso se montó una trama para impedir el juicio de los implicados en este caso, puedan pensar los carnavaleros que por qué ellos van a pagar y otros no. Debe ser eso la llamada desafección. En una ciudad donde la mayoría de los habitantes viven de una manera u otra del sector público, habría que pensar que para que el Estado pueda pagar a los funcionarios, los subsidios de desempleo, las pensiones, el ingreso mínimo vital, para que la Administración pueda acometer las obras que se le exigen (desde Valcárcel al hospital pasando por la Ciudad de la Justicia, el Portillo, el Rosario...) hace falta dinero en el erario. Y si no se pagan impuestos, si se defrauda, si se eluden las obligaciones tributarias, es difícil que haya recursos. Encima muchos de los que evaden, ocultan o escapan al pago de dinero, son los que dan lecciones de moral, sea en un pasodoble de Carnaval, en la barra del bar o en cualquier grupo de guasap. Los desafectos nos defraudan a todos.

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