hoja de ruta

Ignacio Martínez

Debate decepcionante

ESTA noche es la fiesta del duopolio que controla la política nacional; el debate entre Rajoy y Rubalcaba en televisión. Fiesta cero cero, sin cafeína y desnatada. No habrá más que un solo cara a cara entre los dos principales contendientes en las elecciones, se celebra al principio de la campaña, y no habrá preguntas de periodistas que puedan indagar sobre las verdaderas intenciones de los aspirantes. Es muy triste que en treinta y cinco años de democracia haya habido entre los candidatos a presidente del Gobierno sólo ¡cinco debates! Y encima, con un formato perfectamente encorsetado. Los dos grandes partidos tienen el cotarro electoral bloqueado. Es un mercado cautivo. Es muy difícil superar todas las barreras que se ponen a quien no pertenece a este selecto club de dos.

Barreras que son una especie de muralla china. Primero, una serie de firmas para poder presentar candidatura en una provincia. Después, la indiferencia de los bancos a la solicitud de crédito por parte de las opciones minoritarias. En tercer lugar, la ventaja que aporta la masiva publicidad institucional que se brinda a los que sacaron la mayor parte de los escaños en anteriores comicios. Publicidad a la que se añade, como una avalancha, la promoción del debate de esta noche. Y la información en los medios públicos, la junta electoral obliga a dedicarla sobre todo a PSOE y PP. Es curioso esto; en la encuesta del CIS del viernes un setenta por ciento de los consultados afirma no confiar en Rajoy ni en Rubalcaba, pero más del ochenta por ciento les votará.

Algo falla en el sistema. Es posible que los privilegios de que gozan los dos grandes dejen sin más opción a los ciudadanos. Está también la Ley D'Hondt, un sistema mayoritario de reparto de escaños. Y no se ha establecido un colegio nacional para aprovechar de manera razonable los restos de los votos que no obtienen representación en las circunscripciones provinciales. Además, los partidos que no consiguen escaño no cobran por los votos que reciben, lo que les sumerge aun más en un gueto electoral. La financiación de los partidos con fondos públicos es otro privilegio de los dos grandes. Y si alguien es capaz de evitar todos estos obstáculos y llega a la meta exhausto, le queda todavía superar la barrera del 3% de los votos.

Lo peor de este sistema que favorece sobre todo al PSOE y el PP es que los dos beneficiarios lejos de llevarse bien, están instalados en la confrontación y el desprecio al adversario. Son escasas las iniciativas comunes que tienen en aras al interés general del país. Es más fácil que se pongan de acuerdo para repartirse prebendas y privilegios. Por todo eso, el debate de hoy, sea cual sea su resultado, es decepcionante antes de celebrarse. Veremos si aporta algo al futuro inmediato de España. Falta hace.

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