Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
La expresión "hacerle un Lorca a alguien" debería existir en nuestro vocabulario. Es más, pienso que yo no tendría que sugerir en modo alguno a las personas de cierta edad y a quienes conocen nuestra historia lo que significaría esta expresión. Ellos la entenderían con conocimiento de causa: Que te hagan un Lorca sería que te hagan año, con juicio o sin él, sólo por ser una persona diferente a las demás, más luchadora y creativa. De esas que piensan que los que gobiernan no te van a hacer daño porque no has hecho nada malo.
Aquellos versos que escribió Lorca, Anda Jaleo, Jaleo, ya se acabo el alboroto y ya empieza el tiroteo, no presagiaban los tiros que después se dieron. Él no llegó a dar ninguno contra nadie, ni con sus versos provocó ni una gota de sangre. Ahora, bien sabía Lorca que lo vendrían a buscar y creyó que estando refugiado con los del otro bando no le iba a ocurrir nada.
Si te encuentras día a día en Jerez como si vivieras dentro de La casa de Bernarda Alba, de duelo eterno por la falta de empleo y envuelto en conflictos que surgen un acto tras otro. Si eres una persona luchadora como José Manuel Trillo y ves que se va a acometer una injusticia, que subes al Pleno para intentar frenarla con la palabra, que empieza el jaleo , jaleo, y que tú, como Trillo, estás donde caen los tiros -o las naranjas-, en la acera de enfrente, con la policía, como Lorca en la casa de Luis Rosales. Si donde habías buscado refugio van a por ti y te llevan, ya puedes empezar a sentir lo que sintió Federico: miedo, impotencia e inseguridad.
Los que prendieron a Lorca no fueron los que firmaron su fin. Dicen que por aquel entonces, Queipo de Llano fue el que dio la orden de fusilarlo diciéndole por teléfono al gobernador civil: "Dadle café, mucho café".
Ya no existen gobernadores civiles. ¿O quizás sí?. Ya no existe la figura de aquel personaje que sin juicio de por medio, decide sobre la vida de las personas. ¿O quizás sí?.
No sé si a mi compañero Trillo le van a dar o a intentar dar café. Él no lo puede beber por motivos de salud. Lo que sí sé es que a la gente buena y luchadora no podemos dejar que se la lleven sin arropo para dejarla en las veredas. A esta gente hay que acompañarla para que no vayan solas en el camino de la verdad.
Lorca no se encontró con nadie cuando empezó su viaje. Tú, buen amigo y mejor sindicalista, nos llevas a todos contigo.
Nadie te dará café.
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