Chiclana reciente

Joaquín / Muriano

Cráneos de Corvina

El miércoles estaban en la plaza las corvinas a tres euros el kilo!... y frescas. Compré un par de ellas, de casi dos kilos y las hicimos al horno. Buenísimas.

Después de comer, todavía en la mesa, abrí el cráneo de las corvinas y saqué dos pequeños huesecitos de cada cabeza. Como dos medias habichuelas, duras, de un blanco intenso y brillante. ¿Sabéis que es esto?, les dije a mis niños que miraban interesados. Son cráneos de corvina. Quitan el dolor de cabeza y dan buena suerte…

Los niños me miraron como si me estuviese quedando con ellos. Pero, cogimos el ipad, y le preguntamos a San Google, que lo sabe todo: El otolito de corvina, que es como se dice en fino, es un amuleto relacionado con la gente del mar, y propio de la costa atlántica peninsular, de Algeciras a Faro y Sagres; sobre todo del golfo de Cádiz. Se cree que es un amuleto antiquísimo: En el poblado fenicio de Doña Blanca se encontraron entre los enseres personales de algún gaditano de hace tres mil años.

Recuerdo que antes era frecuente llevar un cráneo de corvina engarzado con un hilo de oro o de plata y colgado al cuello. Principalmente los hombres. Ahora se ve menos, porque las camisas se llevan cerradas; y porque, no me digan que no, antes se enseñaba más el pelo en pecho, y de paso, los colgantes. Hoy se lleva depilarse y la bisutería de diseño. Tampoco está mal, cuestión de modas.

Si verdaderamente el cráneo de corvina tiene o no propiedades curativas, es lo de menos. Lo increíble, lo maravilloso, es que durante más de tres mil años, nuestros antepasados lo han creído firmemente. Y los han llevado en un saquito, o se los han colgado al cuello. Quizás haya sido también un símbolo de identidad propio de nuestra bahía. Quién sabe. Pero, no me digan que no, es interesante encontrar un hueso dentro de la cabeza de un pescado, y poder acordarte de tus ancestros, y remontarte tanto tiempo atrás.

La corvina no se vendía siempre entera. En los ochenta, el pescado se comía sobre todo frito; que por cierto, es como está bueno. No se hablaba del colesterol y se sabía freír el pescado mejor que ahora. Pacuqui cortaba las corvinas en rodajas, para freír, partía las cabezas en dos, y reservaba los huesecitos del cráneo. Recuerdo que él también los llevaba, colgados de una cadena de oro que se veía bajo una camisa de flores de colores estridentes casi totalmente desabrochada. En invierno, un pañuelo al cuello, un purito, y el sentido del humor de la Parmicha. ¡Qué grande Pacuqui!... La gente, comprara o no, preguntaba a su pescadero si tenía cráneos de corvina. Y si no tenía, le hacía el compromiso de guardarle un par de ellos. Después se llevaban a casa de Cristóbal Benítez, que las abrazaba en oro o en plata. Sabe Dios cuántos cráneos de corvina engarzó Cristóbal en su joyería, en ese mostrador chiquitito que los joyeros siempre tienen en la trastienda…

En los ochenta proliferaron las imitaciones modernas del cráneo de corvina. ¿Recuerdan ustedes aquellas pulseras metálicas, teóricamente imantadas, que eran como argollas abiertas y terminadas en dos bolitas? Fueron fabricadas por una empresa española llamada Bio-Ray, y adquiridas por millones en todo el mundo. Se decía que mejoraban dolores, reumatismos… Sobra decir que no había ningún trabajo científico serio que hubiera demostrado su utilidad. Pero el que la llevaba, siempre decía que le iba bien. Y no podía decir otra cosa sin quedar en ridículo, después de haber invertido cerca de diez mil pesetas en un trozo de metal.

Aquellas pulseras eran un invento mucho más caro que los cráneos de corvina… y no las llevaban nuestros antepasados…

Otros amuletos se han ido poniendo de moda desde entonces. Es cierto, que a veces aparece un objeto, y por arte de magia, nos da por él, y se vende por millones. Pulseras de hilo, de una forma determinada; o de cuero con una maderita colgando… un cascabel que llama a los ángeles, o una telaraña de hilos y plumas que guarda los sueños... De Pandora, de Tous… del Chino… Lo mismo nos venden pulseras de cuero que fundas para el móvil…

Y es que, en definitiva, el adorno, la bisutería y el amuleto, es una costumbre antiquísima y exclusiva de los seres humanos. (Bueno, algunos les ponen joyas a los perros, pero no creo que ellos lo entiendan… los perros tampoco) Y seguirá siendo así. Siempre habrá algún objeto de moda; porque la moda no es más que una superstición pasajera.

Puestos a elegir, imaginándome cómo era aquel gaditano del poblado de Doña Blanca, hace tres mil años, y los gaditanos marineros que iban a las Américas, y los abuelos que trabajaban en la almadraba… todos ellos con el cráneo de corvina colgado… Puestos a elegir, que me perdonen los diseñadores de bisutería. He guardado cuatro cráneos de las corvinas que nos comimos el miércoles. La voy a llevar a la joyería de Cristóbal… Uno para cada uno… Ya tengo los reyes.

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