Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Camino del poniente

Llevamos un verano de viento de poniente que evita cualquier tentación de ir a la playa

Este año está siendo maravilloso . Llevamos un verano de viento de poniente que evita cualquier tentación de ir a la playa. Solo falta que LLORECA salga a decir que es un desastre para que colme todas mis expectativas. Un verano fresquito, de rebequita, sin necesidad de ir al norte de Europa. Un verano para quedarse en Cádiz y disfrutar del buen tiempo. Ni anticiclón, ni subidas de las temperaturas, ni levante ni nada que se le parezca. Espero que se corra la voz y que no vengan los vascos a Sancti Petri, los madrileños al Palmar , los sevillanos a Chipiona y Sanlúcar y los alemanes a todos lados. Que el aeropuerto de Jerez baje su actividad y la hostelería mantenga los precios del invierno. Una temperatura fantástica para que las cucarachas no salgan de sus escondrijos, para que no haya plaga de ratas ni de grillos. Un verano sin sombrillas, sin las sillas de la playa, sin el cruzado Don Romualdo, sin bingueras en La Caleta, sin la conexión de Andalucía Directo con los topicazos de todos los años, sin que la gente se tire del Puente Canal, sin caballas, sin la niña del altavoz qué guasa tiene en la voz, sin los taxistas con calzonas y chanclas, sin la gente en bañador por la calle Ancha, sin terrazas hasta las cinco de la mañana. Un verano en condiciones, con tranquilidad, en silencio, sin salitre en la espalda y sin el coche del Balneario a reventar de gente, sin colas en las paradas del autobús. Un verano donde no va a hacer falta regular el horario de las terrazas, donde no hará falta que LLORECA llene de veladores, mesas y sillas la ciudad porque hará el frío suficiente para que la gente prefiera quedarse en su casa viendo la serie que no pudo ver en el invierno o leyendo ese libro maravilloso para el que no tuvo tiempo durante el curso. Un paseo por la Alameda, aunque el Ayuntamiento la tenga hecha un asco, un aperitivo en el Terraza, en La Quilla, en La Taberna del Anteojo, en el Labra, en el Chicuco, El Malagueño, en La Sorpresa, en el Cumbres Mayores. Un topolino en Los Italianos o un cucurucho en Bajo 0, un café en el Royalty, un chocolate en La Poeme, una puesta de sol en El Pelíkano. Y a casa. Nada de arena, de sudor, de pepitas de sandía, de los niños dando la brasa, de la radio puesta a toda pastilla a 20 cms , de las duchas que no funcionan o los lavapiés asquerosos. Como en casa de uno en ningún lado. El que tenga calor que se abanique, que Tony Carbonell los hace preciosos. Eso sí, el arreglo del Paseo Fernando Quiñones para otro año.

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