"Yo x ti, tú x mí"

Ya prepara una versión rapera del "Ay pena, penita, pena" por si hay que repetir las elecciones

Nunca sé si debo escribir de política o de lo que me gusta. Algunos críticos dicen que hay que mojarse y ser ocurrente. Eso a mí me sobra, pero me aburre. Puedo contarles, no sé, que Pedro Sánchez a lo Rosalía (con perdón para Rosalía que me deslumbra) se ha puesto las uñas postizas que dan grima y, de perfil, por si hay que cambiar de nuevo de género, le ha dicho a Pablo Iglesias después de despreciarlo "Si me das a elegir, me quedo contigo". Todo a ritmo de rumba dramatizada y narcótica con los ojos entreabiertos. El amor posesivo es así de extraño, hoy me quitas el sueño mañana me das la vida. Desde las últimas elecciones, Pedro se ha quitado el traje de chaqueta y se ha colocado un chándal de brillos con el que se pavonea con unos y otros, a ver a quién seduce.

De esta guisa a los catalanes que siempre fueron muy rumberos no para de cantarles con su tutú flamenco que tan bien le sienta el "Yo por ti, tú por mí" a ritmo de reggaetón. Se comprende que Pedro Sánchez, como la verdadera Rosalía, quiere ser internacional, urbano y latino a un tiempo. La fidelidad al género no la conoce. Ya prepara una versión rapera del "Ay pena, penita, pena" por si hay que repetir las elecciones. Está dispuesto a ponerse la visera de la gorra para atrás y a bailar como Tomasito, pero sin arte. Todo por la patria que dirían los de Vox.

Lleva días encerrado ensayando con ojos de Lolita y la vergüenza perdida una versión actualizada y agónica, como Rosalía, del "Ponme la mano aquí Catalina, ponme la mano aquí que la tienes fría" que todavía no sabe a quién cantársela, seguramente a Casado si llega la ocasión y el otro no se pone burro. Quiere cantarla en plan mensaje subliminal. Digamos que es un lanzamiento al mercado por lo que pueda pasar para demostrar que maneja todos los registros. A quién quiera escucharlo y fiarse de los amores breves e intensos de quien vive en la contradicción. Qué otra cosa es el amor sino una contradicción coincidente entre querer y quererse.

En lo que se ha quedado un poquito antiguo es en la necesidad de llevar a Carmen Calvo de carabina, como La Pantoja llevaba a su madre, Doña Ana. No sé si será para cuidarlo de sus amores perdularios, que queda muy rancio, o como directora de marketing, como ella misma se proclama. Hace poco la vieron con cara de vigilante de discoteca reñirle porque el infeliz llevaba el tutú torcido. La fama cuesta. La mala fama ni te cuento.

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