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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Altura

En 1996 Aznar, para garantizarse el Gobierno, pactó con Pujol que el Estado se retirase de las autonomías

Estar a la altura de la Historia es excepcional. Lo habitual es no alcanzarla ni de lejos. La generación que en España ocupa ahora los puestos de responsabilidad en la vida civil y la que está accediendo al puente de mando tienen una visión deformada. Son hijas de uno de los pocos aciertos históricos que se han dado en España en el curso de los dos últimos siglos: la liquidación del régimen franquista y la construcción sobre sus cimientos de una democracia avanzada que, mal que bien, nos dura hasta ahora. Desde que los sectores más avanzados del franquismo se movilizan en torno a 1975 para que la muerte del dictador no les sepultara también a ellos hasta que un Gobierno de izquierdas llega al poder con diez millones de votos de respaldo en 1982 pasan en España cosas que no tenían precedente y que no se han vuelto a dar ni parecidas. Hubo figuras que quedan para los libros de Historia: Fernández Miranda, Suárez, Fraga, Carrillo, González, Guerra…

Pero veníamos de donde veníamos. Los siglos XIX y XX son en este país una sucesión de guerras civiles, reyes incapaces, liquidación vergonzante de un imperio, corrupción y caciquismo, terrorismo, dos repúblicas para tirarlas al estercolero y dictaduras militares, la última de ellas cuartelera y sanguinaria hasta sus últimos días.

Pongan en 1992 el colofón del proceso que devolvió a España libertades, dignidad y autoestima. A partir de ahí volvimos a lo de siempre. La profunda crisis institucional que tiene a España al borde de su ruptura como nación no es más que la consecuencia de un proceso de mediocridad política y de ausencia de Estado que se ha dejado ir demasiado lejos y que ya parece muy difícil de reencauzar. Se podrían citar decenas de ejemplos de cómo se ha hecho dejación de las responsabilidades que competían a nuestros gobernantes. Pero pongamos uno que viene muy al caso: el pacto que Aznar firmó con Jordi Pujol para garantizarse la legislatura tras su insuficiente victoria en las elecciones de 1996 propició la práctica desaparición de la Administración central en las comunidades autónomas y de paso le dio competencias ilimitadas en educación e imposición idiomática. Busquen en ese pacto y en los errores que se han ido cometiendo desde entonces -los de Zapatero no fueron precisamente pequeños- el origen de lo que nos está pasando ahora. Posiblemente el mayor déficit político, los sociales son otra cosa, de todo el proceso democrático sea que las autonomías no han servido para vertebrar España. Otra vez no se ha sabido estar a la altura de la Historia.

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