Un niño
A vueltas con el Valcárcel
Estoy convencido de que Ciencias de la Educación generará un impacto positivo en Cádiz
Con frecuencia sigo a Fernando Santiago, un periodista al que admiro y respeto por su manera clara, incisiva y directa de expresar su opinión sobre diversos temas, en especial, los que conciernen a Cádiz. Sospecho que estos sentimientos míos son recíprocos pues las poquísimas veces que su aguda mira me ha apuntado, el disparo ha sido amable y considerado.
Hace poco, en su habitual columna escribió sobre la UCA y el controvertido tema de la ubicación de sus centros y la disyuntiva Cádiz versus Puerto Real. Considero que el haber llegado a nuestra universidad en 1980, un año después de su creación, y el haber pasado por todos los puestos de gestión universitaria, el de Rector incluido, me permite poder dar una opinión distinta de este asunto.
Por ello, trataré de aportar argumentos a favor de que la creación de los cuatro campus no fue, como indica Fernando, un “disparate sin precedentes”.
Desde el barco que me traía de Tenerife la visión de la deslumbrante Bahía de Cádiz me trasladó a la de San Francisco, de donde acababa de regresar después de una estancia en la universidad de Standford. Sin embargo, cuando llegué al campus de Puerto Real el panorama me pareció desolador. Aquello no era un campus. Lo que vi fue la flamante la Facultad de Ciencias embutida en pinos y maleza, sola, en medio del campo. El centro carecía de profesorado permanente por lo que, de la noche a la mañana, me vi convertido en Decano (los alumnos me llamaban el nonano por lo de la hora menos en Canarias).
En mi primera visita a los Alcaldes de Cádiz y Puerto Real, percibí el fuego cruzado entre ambos ediles en relación a la ubicación de los centros universitarios. Les trasladé mi preocupación por la falta de transporte, la inexistencia de pisos para estudiantes y la ausencia de todo lo necesario para las actividades propias de un centro universitario.
A Carlos Díaz le llegué a plantear hacer una apuesta valiente para crear en Cádiz una verdadera ciudad universitaria y a Alfonso Perales le propuse hacer de Valcárcel la sede de la Facultad de Ciencias. Sin embargo, la suerte estaba echada, pues siete años antes ya se había aprobado la construcción del actual edificio, Entonces y en los años siguientes, más allá de las protestas airadas por la salida de los centros universitarios, no se concretó ninguna iniciativa sólida ni política ni ciudadana para retener y crear nuevos centros en Cádiz.
A mi modo de ver, el modelo de ciudad universitaria única nació muerto por un par de razones. En primer lugar, como he dicho, en 1975 se decidió construir la Facultad de Ciencias en Puerto Real y porque ese mismo año se creó por Ley la ubicación de la Facultad de Derecho en Jerez y la de la Escuela de Estudios Empresariales en esa misma ciudad, así como la Escuela Politécnica en Algeciras (a pesar de que estos dos últimos centros ya existían en Cádiz).
En segundo lugar, existe otra razón contra la que es muy difícil luchar y es que la provincia de Cádiz no se ajusta a un modelo centralizado. En la realidad, Cádiz tiene tres “provincias” principales: el territorio de la Bahía (que no es precisamente un modelo mancomunado), el territorio de Jerez y el territorio del Campo de Gibraltar.
Ante esta realidad mi visión de campus único fue perdiendo fuerza y, haciendo de la necesidad virtud, empecé a creer que un campus disperso podría ser una solución aceptable. El Rector José Luis Romero, a quien siempre le agradeceré que en 1986 me incorporara a su equipo, también había llegado al mismo convencimiento por lo que decidió tratar de configurar los campus por grandes áreas de conocimiento.
En 1995, ya como Rector, me propuse seguir avanzando en la consolidación de nuestros campus y puedo asegurar que no fue tarea fácil pues, de nuevo, varios municipios actuaron como reinos de taifas con sus alcaldes al frente pugnando por llevarse, a coste cero, un trozo de universidad a su terreno (aunque hubo honrosas excepciones). Hoy el tiempo nos ha dado la razón pues muchas universidades en todo el mundo han optado por el modelo ”multicampus”, incluidas algunas de nuestro país
En la actualidad, varios de los centros de los campus de Cádiz y Puerto Real no sólo son referentes en docencia e investigación sino que además cumplen con la misión de generar un impacto positivo en el desarrollo socioeconómico local. Estoy convencido de que la Facultad de Ciencias de la Educación en el Valcárcel sin duda contribuirá a esa misión. Su llegada se producirá más pronto que tarde si todos los actores concernidos, la UCA, las Alcaldías, los partidos políticos, los gaditanos y la Junta de Andalucía liman sus diferencias y se ponen a ello.
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