Al trasluz del tiempo

01 de febrero 2026 - 05:59

Suelo decir que Juan Mena, Rafael Duarte y yo, empezamos en los años 60 a tomar el relieve generacional de la Literatura local. Nuestros inmediatos mayores eran Pepe González Barba, Germán Caos Roldán, Antonio González Muñoz y Juan José Garcia Sánchez, es probable que más pero a quienes teníamos por hermanos mayores eran los que he citado. A finales de los 60 emergió con fuerza Luis Berenguer, que construyó una obra sólida, insólita y brillante. Cada uno de nosotros tenía una vida y, en el caso de Juan y Rafael, que eran poetas, una conexión con los poetas que eran como otro mundo diferente a los narradores. Con el tiempo, al trasluz del tiempo, el narrador que yo era se decidió a escribir poemas, mejor, a publicarlos, porque siempre los había escrito y porque, como novelista, mi amor a la poesía era absoluto y total. Bien, esta pequeña introducción es porque quiero hablar del último libro de Juan Mena - Como al trasluz del tiempo- una suerte de novela-ensayo, o una autobiografía al modo de Elias Canetti, donde se da una fidelidad completa a las personas y hechos narrados, que no son todos pero sí son muchos, y a la reconstrucción de aquella historia de hace casi medio siglo, con sus peripecias vitales y el nudo de reflexiones sobre la estética literaria o la filosofía. La vida de Juan Mena es simple como un trazado de sastre sobre la tela que cortar. Su infancia modesta en la abacería de su madre, su amor a los libros, su trabajo en la Lonja, con su hermana y los madrugones que se veía obligado a realizar, su primeros estudios, sus primeros poemas, saludados con alborozo por Luis Berenguer, por ejemplo, y su entrada a trabajar en la Biblioteca Pública Municipal, que se estrenaba, su culminación de los estudios de Filología, su entrada en los institutos como profesor, sus nuevos libros y hasta la fecha. Como al trasluz del tiempo es todo eso y todo el universo que le falta por escribir, o por publicar, muy probablemente la parte más interesante, si logra cuajarla, en el sentido de ponerse delante de un espejo que sólo refleje la verdad y, también, lo que tenga a bien dirimir sobres sus poemas y sobre la incomprensión de su tiempo, la evolución de sus ideas, los retratos más afilados y nítidos sobre el tiempo de su vida, a la que deberá ajustarle las cuentas. La narrativa -que es el método adoptado para contarla- le permite una más amplia gama de grises para todo lo que se le ha quedado en el tintero. De cualquier modo Juan Mena es siempre magnífico, soy su amigo de toda la vida y su mayor admirador. Le preparé La Araucaria, hace mucho ya, una antología que comprendió también lo inédito hasta entonces. Quienes estén interesados por esta Isla que se aleja, que lean este espléndido libro de Juan Mena..

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