El puto sillón

Esta bajada de pantalones gubernamental la consideran una victoria fundamental que los llevará a la futura independencia del territorio nacional

No, hoy no vengo a dar la chapa con rollos de jurista, ni tampoco voy a hacer un brillante hilo de Twitter en el que explique lo que dice el Tribunal Supremo sobre la cuestión, que para eso hay otros profesionales que lo hacen mucho mejor. Hoy gasto mi bala de plata semanal para hablarle de tú a usted, como un ciudadano más, uno que no entiende bien lo que pasa.

No soy experto en nada por generación espontánea ni me he leído transversalmente el "Manual sobre Indultos para Dummies". Tampoco me he revisado la vieja ley que lo ampara ni entiendo justificables los lamentables indultos de los conmilitones de los que nos gobernaron en el pasado, que rubricaron con desvergüenza e insolidaridad. Es más, profesionalmente sólo he pedido el indulto una vez en nombre de uno de mis clientes, condenado pese a ser inocente. La respuesta fue como en el 99% de los casos. No hubo concordia.

Lo que le decía, los indultos que Sánchez ha orquestado, mezclándolos con un discurso edulcorado que a estas alturas de la película no se cree nadie, no me gustan. Me decepcionan, de hecho. El motivo es que, a mi parecer, no buscan revertir un error o minimizar un daño desmedido, sino que únicamente buscan mantener los apoyos electorales presentes o futuros de Pedro Sánchez. Su discurso buenista, speech sin plasma ni preguntas, carece de credibilidad. No hay más que ver su gélido rostro pétreo cuando lo interrumpió un radical en Cataluña en el acto de hace unos días, la falta de aplomo de sus palabras, su lenguaje corporal revelador de que estaba haciéndose trampas al solitario.

Y no, no puedo mostrar conformidad con los indultos a los presos separatistas porque algunos de ellos fueron condenados, también, por delito de malversación de caudales públicos, porque se han reído de Sánchez y de la propia institución del indulto y porque esta bajada de pantalones gubernamental la consideran una victoria fundamental que los llevará a la futura independencia del territorio nacional.

Porque ha sido eso, no se confundan, una caída de calzones impresionante. No hay más que tirar de hemeroteca y ver las afirmaciones de unos y otros –Sánchez, Calvo, Iceta, Montero- para comprobar lo barata que está la honra en el mercado de la Moncloa. El mismo aplomo que aquéllos exhibían ayer para renegar de la venganza y clamar por la concordia, los unicornios rosas con crines arcoíris y las buenas intenciones, lo utilizaban meses atrás para negar lo que finalmente han perpetrado.

Barcos sin honra, y poquitos, además, son los que le van quedando a este Gobierno de Supervivencia. Que los delincuentes a los que se les ha concedido el indulto se partan la caja a costa de sus benefactores, que no se arrepientan de los delitos cometidos, ni se reinserten, ni paguen sus responsabilidades económicas, es malo. Pero que estén deseando pisar las españolas calles de Cataluña para volver a delinquir es peor aún, porque algunos han arrastrado por el fango el honor de todo un país para mantenerse en su puto sillón unos meses más.

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