El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
Cuando empezó el mareo, que viene de marea y de mar, comprobé, una vez más, la debilidad extrema del hombre y por qué creó la divinidad, para paliar sus miedos. El viejo mar que guarda sus memorias de hombres muertos, de osadías impensadas, de tormentas propias e impropias.
La barca donde pescábamos empezó a cabecear intensamente. Puesto de pie no podía atisbar más de dos olas; la espuma de crin y remolinos ya había nacido. El viento es aire antes de convertirse en huracán, siroco, terral o lo que tenga empuje sobre el mar, que se amotinaba contra el barco, cruzando aguas, silbando en la vela, porque mi amigo, le había puesto vela al barco de motor, no como otros (¿Verdad, Luis Berenguer?). El miedo era vivaz, tumultuoso, ostentoso, cuando pataleaba los riñones de la embarcación. Recogimos las cañas, llenas de algas arrancadas por la mar de leva. El oleaje si te tomaba al sesgo, levitabas y luego te hundías. Nunca sabías si aquella proa iba a volver al aire, ni como recuperaría para la siguiente ola. La noche se hizo más intensa y extensa. La noche con el agua es ciega y siega. Manchas oscuras de agua negriblanca, en el confuso celaje de tanta espuma vuelta.
Las burbujas espumantes morían tras los desmontes de las olas. Lluvia de mar sobre nosotros.
Olas hinchadas, edemas inmensos, vacíos bajo las olas que los tenían que llenar. Un rizo en la vela. El miedo con eme de mar, peor. ¿Qué vale una vida humana? En medio de la mar, nada de nada, ni tumba halla.
Marea Escorada del gran novelista fue así. El viento ciñendo el aire al temporal, "hasta la espuma deja de ser agua en la orilla". Igual sentí cuando garreó el rezón. Arañando los fondos, defendiendo su vida de barcaza montés. ¿Ahab fue el gran trueno?
¿Dios mío, ahí al lado, fuera de las boyas de enfilación del caño, se puede sentir eso? ¿Y los pobres cadáveres que no alcanzan la orilla? ¿Qué le importan a las mafias del uno y otro lado ni a los gobiernos? Ni de aquí ni de acullá. El miedo es más intenso cuando te abandonas a tu suerte. Cuando sientes la muerte como un beso de hielo por encima de las grupas y grumos del temporal…
He visto cementerios con cadáveres numerados, sin historia, sin vida, sin sueños…los cementerios tienen un tiempo segado que ya no es. El horror tiene dientes de cobra dentro del corazón.
Ya no pensé en la pesca, sino en los cadáveres con los ojos vacíos. Rígidos. Algunos con cangrejos. Es muy triste. Muy triste. Una ola rompe con todo. Una ola es una neoplasia del agua. Lleva la muerte a cuenta (son metáforas mojadas, saltando entre los sesos tal krill o camarón. No metáforas de butaca seca y aire acondicionado…No. Son el viejo temblor de los dioses que ocuparon sus tronos)…
Agarrado a las bitas, siempre de noche en el contexto, entendí que más allá del todo está la nada. Que los tres pies del gato eran bolardos. Y la vida un pedazo de goma de mascar.
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