En estos momentos difíciles y ante la amenaza del coronavirus, las personas ponemos a examen nuestra olvidada vulnerabilidad. Y surge la pregunta de siempre ¿qué hacen los gobernantes para que esta epidemia no vaya a más?

Las normas están siendo muy claras, pero somos rebeldes y pretendemos entender más que nadie de cualquier asunto.

Alguien me recuerda las palabras oportunísimas de John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

¿Qué puedo hacer por mi país? En primer lugar, obedecer. Tomar en serio las advertencias que nos dan porque, de su cumplimiento, dependerá la salud de muchos. Urge seguir las normas personales y las comunitarias. Demostrar los afectos prescindiendo de los besos, intentar no dar la mano al saludar, lavárnoslas con mayor frecuencia, sobre todo tras usar el baño; evitar aglomeraciones, los lugares cerrados…

Es la primera vez que, en las iglesias, se sustituye dar la mano en la Paz, por una ligera inclinación de cabeza. La primera vez, desde que tengo memoria, que se pide a la población evitar viajes innecesarios.

¿Qué puedo hacer? Tenemos que fiarnos de las autoridades médicas. A nadie interesa crear una situación de alarma si no fuera necesaria. Hemos oído la suspensión de las Fallas… Me pregunto si seremos capaces de entenderlo igual cuando se tomen sobre nuestras tradiciones, como la Semana Santa. Sin embargo, no podemos caer en el fanatismo. La religión no consiste en pasear imágenes religiosas por las calles… aunque siempre nos conmuevan. Seguro que encontraremos otras maneras de entendernos con lo religioso.

Nos estremece ver a las familias huyendo de Italia, y miren que hemos visto a otras tantas abandonando sus países por motivos muy graves, ¿verdad? Pero ahora sucede que son como nosotros. Qué el problema está aquí mismo. Que llegó. Procedente de un país rico… No nos queda más que bajar la cabeza, aceptar nuestras limitaciones y si acaso, aprovechar para volver a preguntarnos, ¿qué puedo hacer por mi país? Entendiendo por esto respetar, obedecer y colaborar: está en riesgo el bien común de todos los ciudadanos que lo integran.

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