El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
Nadie alberga dudas sobre la utilidad, necesidad e intemporalidad de los camposantos. Algunos desconocemos el momento en el que fue la administración civil la que se encargo de ellos, la que decidió dar más por motivos sanitarios que por morales, sepultura a los que hasta el momento decidía la iglesia.
Ello nos llevó a los cementerios, y al nuevo negocio de la muerte. Nos quedamos maravillados cuando vemos cementerios hermosos, cuidados, hasta bonitos, sin plantearnos si la gestión está privatizada o no, sin plantearnos la rentabilidad de los mismos, con nichos en propiedad, mausoleos privados, crematorios y diversos y rentables servicios, que como es natural, en un mundo gobernado por la oferta y la demanda, ofrecen un buen servicio para ser competitivos.
Ello se enfrenta con los cementerios municipales, más o menos decorosos, tristemente cuidados, y en donde la rentabilidad, que brilla por su ausencia, se genera a base de carga presupuestaria para dar unos servicios mínimos. Ello nos lleva a la vergüenza que sienten algunos cuando observan el deterioro de las zonas comunes, de las zonas libres, y sobre todo de las zonas ocupadas por fallecidos a donde la familia fue solo el día del entierro, y por compromiso.
Lo lamentable de todo no es el estado, a veces profundamente vergonzoso; lo lamentable no es la desidia, pues hay trabajadores, y a ellos sería a los primeros que pedir responsabilidad; lo lamentable no es el escaso presupuesto optimizado con la escasa rentabilidad si no se privatiza o concede a ente privado; lo lamentable no es el uso partidista para acusar al contrario de la dejadez; lo lamentable realmente es el escaso respeto de la mayoría de los que podemos llevarnos las manos a la cabeza, que somos todos, que a veces, lejos de fijarnos en el estado de la última morada del ser querido en esta tierra, preferimos fijarnos en un entorno, un entorno que nunca será agradable, que jamás podrá compararse con un evento o el destinar de medios, pero que siempre, siempre, merecerá un respeto por parte de todos, los unos, los otros, y nunca de los de mas allá.
Dicho esto, no falta razón cuando se pide respeto y decoro para unas instalaciones, y aunque no haya culpables, si hay responsables que deben hacer lo posible por poner los medios.
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