Un par de botas y un balón de principios del siglo XX. Un par de botas y un balón de principios del siglo XX.

Un par de botas y un balón de principios del siglo XX.

Mirando a izquierda y derecha, la sala estaba repleta de cuadros de fútbol, camisetas enmarcadas, algunos trofeos y otros objetos similares. Entró en la sala lo que parecía una enfermera y aproveché la ocasión para preguntarle. –¿Dónde estoy? –En casa –contestó.

Recorrí de nuevo toda la estancia con la mirada durante unos segundos. Realmente no reconocía a nadie de los que aparecían en esos cuadros y no sabía tampoco a quién pertenecían esos trofeos. –¿Mi casa? – Sí, vinimos hace unos días– . Un poco desconcertado, le pregunté por aquellas fotos y aquellos premios. –Eres tú y esos trofeos son tuyos–. Habrán pasado muchos años y ya no recordaba aquellos momentos fotografiados. Apareció entonces un hombre octogenario y se sentó junto a mí. –¿Cómo te encuentras? –Estoy bien, gracias, ¿por qué? –Has estado unas semanas en el hospital, ¿no lo recuerdas? –No, ¿quién eres tú? –Yo soy tu defensa central. –¿Mi defensa central? –Sí, lo era cuando jugábamos y ahora que sólo quedamos tú y yo del equipo lo sigo siendo. –¿Y quién soy yo? –Tú eres el portero y siempre nuestro capitán.

Aquellas palabras lo cambiaron todo en mi mente. Volví a mirar a alrededor. Aquellas fotografías de la pared… cobraron vida al instante y me trasladaron a un campo de fútbol. Al olor a hierba recién cortada, al rugir de una grada repleta de gente exultante por el gol y a una parada que nos hizo ganar el campeonato.

–¿Ganamos, verdad?

–Por supuesto que ganamos… gracias a ti.

Entró mi mujer de nuevo y me dio un gran abrazo. –Sabía que únicamente tu defensa de confianza podía hacer que volvieras a ser tú– y dirigiéndose al defensa central, le dijo –Gracias por venir, Tomás–.

–Cuando el portero despeja de puños gritando “fuera” –dijo Tomás–, todos los defensas salimos corriendo. Cuando en la caída se golpea en la cabeza y pierde el conocimiento, somos los primeros que regresamos en su ayuda.

El fútbol hace amigos para toda la vida.

En honor de todos aquellos enfermos de Alzheimer que olvidaron lo grande que fue el fútbol para ellos.

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