El juez, una figura que a veces tiene que intervenir por culpa de broncas futbolísticas. El juez, una figura que a veces tiene que intervenir por culpa de broncas futbolísticas.

El juez, una figura que a veces tiene que intervenir por culpa de broncas futbolísticas.

EL odio no está entre los pecados capitales, pero debería estarlo. Cuando hablamos de lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia, ninguno de ellos tiene tanta fuerza y poder como la vileza que genera el odio. Los siete pecados capitales eran once en la filosofía aristotélica, conocidos como “pasiones” o “virtudes” humanas, incluyendo otros como el temor, el deseo, la audacia o la alegría. Pero Aristóteles sí tuvo en cuenta el odio (el misos griego) en este listado. En el siglo V se hizo la reducción a los siete conocidos y 100 años después fue el papa Gregorio I quien les dio carácter oficial en el mundo cristiano. Sin embargo, la popularidad real de los siete pecados capitales llegó cuando Dante los incluyó en su Divina Comedia.

Entraron en mi sala de audiencias dos personas demandadas entre sí por agresiones mutuas. ¿El problema? Son aficionados de equipos distintos y tras una discusión en un bar, durante un partido, la cosa fue a mayores y acabaron con lesiones tras la trifulca. Pudo ser peor, pero los frenaron.

Los jueces no deberíamos ocuparnos de estos asuntos. La mediación o el arbitraje son figuras muy útiles poco utilizadas en nuestro sistema, pero nos falta formación en la resolución de pequeños conflictos y acudimos con excesiva asiduidad a los Tribunales, heridos en nuestro orgullo y pensando que un juez va a darnos una palmadita para satisfacer nuestro ego.

Después de escuchar a las partes, quise intervenir antes de dejar el juicio listo para sentencia: "El deporte es una actividad social de ocio que invita al divertimento y a las relaciones humanas satisfactorias. Cuando se convierte en un motivo de disputa deja de ser eficaz en su función esencial y los que por él disputan dejan de estar amparados bajo la tutela deportiva. Que dos aficionados al fútbol se peleen por ver qué equipo es mejor que el otro es un fracaso de nuestra sociedad. El odio que hoy he experimentado aquí entre las dos partes, simplemente por el hecho de que uno piensa diferente al otro respecto al fútbol es no sólo inaceptable sino también vergonzante. En ningún artículo de los estatutos de los clubes de fútbol se refleja el derecho o la obligación de que sus aficionados defiendan sus colores con la violencia, el insulto o siquiera con la palabra. El fútbol nació siendo un deporte practicado entre caballeros y actitudes como las hoy vistas aquí lo están convirtiendo en un sumidero para evacuar frustraciones personales. Les conmino a la reflexión en este momento y a que muestren su disculpa y respeto hacia el adversario que simplemente opina diferente".

Que dos aficionados al fútbol se peleen por ver qué equipo es mejor que el otro es un fracaso de nuestra sociedad. El odio por pensar diferente respecto al fútbol es inaceptable y vergonzante

La sala enmudeció. Los dos aficionados se miraron en la distancia, se acercaron y, tras estrecharse la mano, se fundieron en un abrazo espontáneo ante la admiración de los presentes y de los propios abogados, que se apresuraron a retirar las demandas. Cuando el asunto parecía zanjado y todos pensaban en que el juicio había concluido, volví a tomar la palabra:

"El odio es un pecado, pero no un delito si no se evidencia en unos hechos. Sin embargo, odiar es uno de los sentimientos más viles del ser humano. Es el origen de muchos delitos que pudieron evitarse con educación y formación. El arrepentimiento es otra manifestación de la conducta y hoy hemos presenciado un ejemplo, pero este no exime de la culpa. La auctoritas de un juez no debe desembocar siempre en la sanción, sino a veces en la ejemplaridad de sus resoluciones educativas, especialmente en este tipo de casos donde es necesario actuar más como mediador que como juez. En mi sentencia haré constar que cada uno de ustedes debe asistir acompañado del otro a un partido de fútbol del rival y aprender a disfrutar del deporte como lo que es, una actividad de diversión y disfrute para todos".

Aquella sentencia se hizo conocida en los medios de comunicación, siendo como es el fútbol un deporte tan popular y de interés mediático. Pero lo que me hizo sentirme optimista ante un atisbo de cambio fue una visita que recibí un mes después de aquel juicio... Los dos aficionados se presentaron en mi despacho del Juzgado, venían juntos a verme. Portaban en la mano una especie de libro que me ofrecieron nada más entrar. Era un Manual de buenas prácticas para el aficionado al fútbol. En la parte baja del manual estaba escrito el nombre de los dos autores, los dos aficionados, y en el centro una foto de ambos dándose la mano. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue el capítulo inicial introductorio: El odio, el octavo pecado capital.

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