Una de las mejores cosas que tiene el Facebook son las reproducciones del pasado. Esas fotos en blanco y negro que nos transportan a otros momentos, a otros lugares, o otras vidas ya pasadas, y que se quedaron en el olvido.

Aquella foto me transporto al verano del 73, el último verano de aquella infancia que olía a chicharras, que sonaba a mazorca de maíz preñada, y mecida al viento. La infancia de aventuras junto a las charcas de la vía buscando ranas. Una infancia insólita, de fresca tinaja y cazo de latón con mas historias que abolladuras.

Era mi último verano en aquella huerta a la que acudíamos a pasar los meses del calor. Recuerdos de mecedora en el porche lleno de adelfas, de palmatoria y seiscientos sobre el camino de tierra prensada. El verano en el que se acaba un tiempo y comenzaba otro para mi hermana. La foto me trasporto a un tiempo que algunos no volverían a vivir, tiempos de opulencia para algunos, y para otros de estancias separadas por cortinas.

Eran otros tiempos, el tiempo del olor a aserradora fresca y limpia de los bares al abrir, eran los tiempos del Mantequita, y las cervezas a media luz…de los civiles con charol y paño sobre los hombros. Era el verano del 73, mi primer verano con conciencia de saberme en un mundo que no comprendía. Eran tiempos de piscina vacunal, que no vecinal, de chapuzón en el pilón de la vacas, que llegaban corriendo por la trocha guiadas por el vaquero.

Cierro los ojos, y la noche se cierne sobre mis recuerdos, los grillos ponen banda sonora a una época, que, sin ser tan lejana, queda a años luz del hoy. Tiempos de sobremesa frente al hule cargado de aquellas botellas de Camborio, eran los años de las barras de hielo picado, de los suspiros de La Pastora, de los olores a campo, los años del final del principio o del principio de final, pero al fin y al cabo…. los coloridos años de las fotos en blanco y negro.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios