El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
La verdad es, mi devoto lector, que no quisiera repetirme ni insistir en esos recuerdos permanentes o imperecederos que tengo y llevo incrustados en mi alma. Y me refiero, como habrá intuido mi lector inteligente, a esta Hermandad de los Afligidos que tanto quiero y venero. Un Lunes Santo más como es hoy que formará parte de mis sentimientos cofrades, en esta nueva salida procesional de mi Hermandad, ya que el tiempo meteorológico, últimamente tan mezquino, sí lo va a permitir.
Semana Santa isleña que significa tanto para tantos. Para muchísimos isleños que desde siempre quedamos prendados desde aquella niñez de esa esplendidez y solemnidad de nuestras cofradías. Una Semana Santa o ese conjunto de imágenes y recuerdos que se nos han ido colgando en el alma como aquella túnica recién planchada y reluciente pendiendo del marco superior de aquella puerta familiar; de esa madre cuidadosa que, con un mimo muy especial, trataba y procedía con ese hábito para un efecto final espléndido. O de olores, tan distintos y únicos en esta venerada semana, como esos roscos tan nuestros o de ese azahar como reclamo de la primavera y de la inminente, y ya presente, Pasión. Ese olor a incienso tan propio, que distingue la iglesia de donde proceden aquellos Titulares que presenciamos. Y tantos otros motivos que conforman esta bendita celebración de la pasión y muerte de Cristo.
Y todo esto viene a preconizar lo que en el presente año, es decir, hoy Lunes Santo, este escribidor de la cosa procesionará con su Hermandad una vez más, pero sin pértiga ni cirio, sino, y por primera vez, de maniguetero. Además, y por culpa de eso que se dice "deformación profesional", la palabra "manigueta" me ha llenado siempre de curiosidad y de deseo. Pues, según el argot cofrade, se le llama así a cada uno de los cuatro pequeños brazuelos que sobresalen de las andas o pasos procesionales, dos por su frente delantero y dos por su parte posterior. Estas maniguetas son un recuerdo histórico de cuando se realizaba la "carga mixta" en los pasos, a partir de esa época denominada barroco, cuando los pasos se cargaban tanto por el interior y por el exterior a la vez. No obstante, hoy en día los pasos siguen manteniendo el recuerdo de las maniguetas, a cuyo cargo va un penitente o maniguetero con una función testimonial de aquel sistema de carga del pasado, ya que no se realiza ningún esfuerzo sobre ellas.
Por todo esto, mi penitente lector, hoy para mí es la gran novedad e ilusión, seré maniguetero por primera vez en mi vida. Esta tarde me espera mi manigueta en mi paso de Los Afligidos. Amén.
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