El parqué
Pocos movimientos
Una vez tuve la osadía de escribir el guión de un documental. Fuera mejor o peor el resultado, nunca me arrepentiré de haberme embarcado en un proyecto que me reafirmó una intuición, que una herida que no se ha limpiado no se puede cerrar, que la infección provoca gangrena y dolor, y que con dolor se puede vivir sólo si entendemos vivir y sobrevivir como sinónimos. Conocí a madres sin hijos, a padres que abrieron tumbas colmadas de arena, conocí a hijas con herencias que pesan un saco de piedras ("busca a tu hermana"), conocí a abogados que se chocaban contra un término capador... Gracias a todos ellos este año conocí a Inés Madrigal, una mujer que, a cambio de su valentía, ha recibido una sentencia cobarde por parte de la Audiencia Provincial de Madrid que parece que le ha querido pasar al Supremo esa patata caliente llamada prescripción. El dolor que no prescribe, titulé aquel documental. Y sé que no hay nada más cierto.
También te puede interesar
Lo último
EDITORIAL
Vivienda: pedir imposibles
Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
La colmena
Magdalena Trillo
Socialistas de Vox
El Palillero
José Joaquín León
Termómetro del gaditanismo