Lo malo de ser político y además español es que ello supone una manifiesta imposibilidad para reconocer méritos o logros al adversario. El político hispano parece ignorar que el hecho de darle mayor dimensión al enemigo agranda la propia figura y, por ello, intenta siempre arrogarse los éxitos y señalar los fracasos como ajenos. Reflexiono sobre esto a resultas del hecho de que varias comunidades autónomas vienen exigiendo al gobierno central una serie de medidas más contundentes y restrictivas frente al covid19 que las que hay e, hispánicamente, el consejo ministerial de Pedro Sánchez parece negar tres veces -como el Judas de 30 Monedas- que la situación sea tan mala o peligrosa como para adelantar el toque de queda o permitir los confinamientos domiciliarios. Supongo que, además, tener a tus socios de gobierno haciendo oposición debe de provocar úlceras dolorosísimas y ayuda poco a tomar decisiones meditadas. Dice Felipe Benítez Reyes, con toda la razón, que lo que Sánchez está pasando con Iglesias sólo lo aguanta una madre. El agudo escritor roteño, uno de nuestros tesoros literarios, suele ahondar en sus textos de fino humor sobre el azar, uno de sus temas naturales. Deberíamos conseguir algún estudio sobre la relevancia del dicho azar en la toma de decisiones gubernamentales. Quiero decir: ¿se adoptan medidas a sensu contrario a lo que diga el rival y/o el vicepresidente del gobierno?

Un ejemplo de este comportamiento fácilmente identificable y hasta previsible de nuestros gobernantes patrios se está produciendo con la vacunación de los grupos de riesgo. Ya lo dije ayer, quien parte y reparte, se vacuna la mejor parte. Estamos viendo vacunas que "sobran" y que "se aprovechan" en los cuerpos fatigados de concejales, consejeros (y afines) para que no se echen a perder. Es una variante más del "¿sabe usted con quién está hablando?", tan franquista como actual. Nadie se iba a dar cuenta de que se extraviaba un vial de vacuna para el covid, ¿verdad? Pues sí, se percataron. Come ficha y cuenta veinte. Tras aquello de salvar el verano y salvar la Navidad, hemos llegado ahora a la estación del sálvase quien pueda, con parada en después de mí el diluvio.

Veo la acertadísima tira cómica de Miki & Duarte de ayer, con el politicastro de turno poniendo su brazo sobre el de una anciana que va a ser vacunada y pienso que, como el chiste, hay gente que no puede evitarlo: es su naturaleza. Esto no vale para todos, por supuesto, pero sí para aquellos que no han sabido sofocar el miedo al azar, a su propia mortalidad, a abandonar este mundo sin haber dejado una mísera huella, digna de ser tenida en cuenta en, al menos, una entradita de la Wikipedia.

Lo dicho, esperemos que el Gobierno sea humilde y acepte algún consejo de las CCAA. Con eso probaría que le importan más las vidas que demostrar constantemente que lo tiene todo controlado, lo que denota inseguridad. Siempre no se puede llevar la razón, salvo que seas Pablo Iglesias.

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